Este es el pueblo más pequeño de Almería (y no es Benitagla)
Repartidos por toda la provincia hay pueblos que apenas son enclaves diminutos en el mapa

El pueblo más pequeño de Almería.
Almería es una tierra de contrastes, de desiertos y sierras frondosas, pero también de playas interminables. Repartidos por toda la provincia hay pueblos que apenas son enclaves diminutos en el mapa, pero con una historia que se alza más allá de sus límites geográficos.
Benitagla es el municipio con menor población de Almería, apenas alcanzando los 60 habitantes. Pero aunque muchos pudieran pensar que ello le haría ser también el pueblo más pequeño en cuanto a extensión, ese honor recae en otra localidad de la provincia, situada en la Alpujarra Almeriense.
Y sí, Benitagla, con 7 kilómetros cuadrados de superficie, podría discutir ese título, como Garrucha o Armuña del Almanzora, ambos con 8 kilómetros cuadrados. Pero no llegan a los 6 kilómetros cuadrados de Alicún, el pueblo más pequeño de Almería por superficie.
A lo largo de la Edad Media, Alicún apenas era un barrio de Huécija, pero en el siglo XVI se independizó, formando parte del ducado de Maqueda. La expulsión de los moriscos en 1570 supuso un duro golpe, dejando el pueblo vacío hasta su repoblación en 1574. Siglo tras siglo, Alicún sobrevivió crisis, rebeliones y cambios de régimen, hasta obtener su autonomía municipal en 1835.
Entre sus lugares emblemáticos está el Templo Parroquial de San Sebastián, construido en el siglo XX en sustitución del anterior, cuya capilla mayor aún puede verse en el cementerio.
Pero el alma de Alicún es su fuente termal, mencionada en crónicas islámicas, un manantial de vida que ha sido testigo de la transformación del pueblo.
Las rutas por los alrededores de Alicún conducen a paisajes donde naranjos y parras rivalizan en belleza, mientras los cortijos y casas señoriales cuentan historias de esplendor y resistencia.
En la mesa, los sabores de Almería despliegan su esencia: gurullos con conejo, ajo blanco, fritada y migas, acompañados por magdalenas, tortas de chicharrones y rosquillas de aceite. Es la gastronomía de siempre, la que resiste en los pequeños pueblos almerienses como Alicún.