El 'boom' de las confirmaciones (por obligación) y la búsqueda de atajos para evitarlas
Para casarse por la Iglesia o ser padrino de bautismo es obligatorio confirmarse, lo cual ha fomentado la picaresca

El obispo de Almería, en la bendición de los óleos que se emplean en sacramentos como la confirmación.
Es una de las noticias del año en la Diócesis de Almería o, al menos, una de las que ha afectado a más gente: desde el pasado mes de enero, todo aquel que quiera casarse por la Iglesia o ser padrino de bautismo de un nuevo cristiano tendrá que estar confirmado previamente.
La decisión, en realidad, supone adaptarse a lo que plantea el Derecho Canónico y exigen otras muchas diócesis de nuestro entorno. Tal y como explicaba a comienzos de 2025 el propio obispo de Almería, Antonio Gómez Cantero, “es la tradición de la Iglesia. Hay tres sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación y comunión) y para el resto de sacramentos tienen que estar cumplidos estos”.
¿Qué sucede? Que la norma se había relajado en Almería hasta el extremo de convertir la confirmación en un sacramento minoritario (en 2023, apenas 1.000 personas se confirmaron en Almería) que apenas despertaba interés fuera de ciertas etapas educativas.
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Así las cosas, Gómez Cantero y su equipo de gobierno decidieron poner el punto sobre las íes y devolverle a las confirmaciones el esplendor y la importancia que nunca debieron de perder. Sin confirmación, la iniciación cristiana queda incompleta y por lo tanto no se pueden alcanzar otras fases sacramentales como la del matrimonio o la posibilidad de ser padrino o madrino de un nuevo bautizado.
Crece la demanda
La decisión episcopal no planteaba un periodo de adaptación. Si una pareja tenía su boda fechada para 2025, tenían que estar confirmados para poder casarse (o, al menos, estar haciendo la catequesis para ello). Si se preveía bautizar a un nuevo cristiano en 2025, sus padrinos debían estar confirmados (o en catequesis para llegar a este catecismo).
Esta exigencia apresurada se ha traducido en un auténtico ‘boom’ de confirmaciones y una altísima demanda para las necesarias catequesis, que han visto cómo los confirmandos se multiplicaban para cumplir con el ‘nuevo’ requisito.
Hasta aquí, todo lógico y positivo para todos. Las visitas pastorales del obispo se aprovechan para celebrar confirmaciones que, en muchas parroquias, superan sobradamente el centenar de católicos que reciben al Espíritu Santo.
San Juan, San Pedro, Los Ángeles, Tabernas... Todas (o casi todas) las parroquias de Almería celebran en estos meses confirmaciones multitudinarias, o prevén para los próximos meses la llegada de este sacramento. Sin lugar a dudas, las estadísticas diocesanas de este 2025 reflejarán el próximo año el notable incremento de un sacramento que ha acelerado ‘de 0 a 100’ en un abrir y cerrar de ojos por exigencias del guion.
Pero no todo iba a ser positivo, claro. Es cierto que la flexibilidad a la hora de recibir otros sacramentos con la condición de estar en catequesis ha permitido que no se paralice más de una boda o algún que otro bautizo, pero también es verdad que, habitualmente, hacer algo ‘por obligación’ no suele dar los mejores resultados académicos. Y las catequesis de confirmación para cumplir con la nueva normativa no están siendo una excepción.
Vaya por delante que sacerdotes y catequistas hacen todo lo que pueden y enseñan todo lo que se quiera aprender. Son las circunstancias las que hacen que quede cierta sensación de que las confirmaciones de esta nueva era se dan al peso y de forma apresurada, con dudosos resultados formativos en lo que a las cosas de Dios se refiere.
Basta pensar que, hasta ahora, el sacramento de la confirmación era el resultado de uno o dos años de catequesis en los que se aprendía y se reflexionaba (de forma individual y colectiva) sobre la adecuación de cada cual para recibir el sacramento.
Sin embargo, desde que se implantó la obligatoriedad, se han hecho catequesis exprés que han permitido, en unas pocas charlas formativas, alcanzar los mismos resultados que hasta hace unos meses implicaban uno o dos años de interés.
Atajos y escapatorias
Por otra parte, la iniciativa de la Diócesis de Almería ha fomentado entre los católicos algo tan español como la picaresca.
El objetivo es sencillo: obtener lo mismo por menos. O incluso a cambio de nada.
Así, hay casuísticas de lo más dispar entre los parroquianos almerienses, que suelen encontrarse con la bondad y paciencia infinita de unos sacerdotes diocesanos que, desbordados por el ‘boom’ de las confirmaciones y de la exigencia episcopal de cara a recibir otros sacramentos, tienen que mostrar manga ancha.
¿Ejemplos? Ya hay personas que han conseguido recibir la confirmación sin asistir a una sola sesión de confirmación.
Otros son incluso más preocupantes. Así, se da el caso de almerienses que han buscado con ahínco alguna parroquia que acoja bautizos (o bodas) sin que sea necesario estar confirmado. Y lo han conseguido. Si se busca lo suficiente, se consigue hallar alguna iglesia que hace sorprendentes excepciones.
También se dan casos de familias que, ante la obligatoriedad en la Diócesis de Almería, acuden a provincias cercanas a la nuestra, donde la exigencia permanece en fase de relajación, para bautizar a recién nacidos.
De esta forma, se hace necesaria una reflexión sobre varias aristas de esta cuestión. La primera, sin duda, es la de personas que quieren casarse por la Iglesia o ser padrinos de bautismo pero no quieren pasar por el aro de la confirmación en lo que supone una clara incoherencia y una notable falta de compromiso con tu propia (supuesta) fe.
Más allá de eso, no queda del todo claro qué busca la Iglesia en Almería. La obligatoriedad es necesaria porque parte del Derecho Canónico y así debe ser, de acuerdo. Pero ¿qué se obtiene dando el sacramento de la confirmación sin ton ni son, para que la gente pueda seguir su vida sin el esfuerzo que otros hicieron anteriormente para confirmarse? ¿Por qué hay parroquias que sí se toman en serio la confirmación mientras en otras se dan confirmaciones como churros? ¿Cuál es el resultado de todo esto? ¿Por qué es posible encontrar pocas exigencias en función de la parroquia escogida?
El único resultado cierto está claro: las confirmaciones van a crecer. Y mucho.