El Teatro lírico andaluz hizo “grande” el género chico en el auditorio
Representó con éxito dos títulos de Chueca: ‘Agua, azucarillos y aguardiente' y ‘La Gran Vía’

El Teatro lírico andaluz hizo “grande” el género chico en el auditorio
El Teatro Lírico Andaluz volvió al escenario del Auditorio Maestro Padilla para poner en evidencia que la Zarzuela es un género imprescindible, no solo porque sigue teniendo adeptos, sino porque cada representación invita a disfrutar de la música interpretada en directo y de la interpretación dramática asumida con la naturalidad más convincente.
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Dos títulos míticos del gran maestro Federico Chueca, como son ‘Agua, azucarillos y aguardiente’ y ‘La Gran Vía’ sedujeron a la audiencia manteniendo en todo momento la intensidad de la representación, con los momentos álgidos de los pasajes más emotivos y reconocidos desde la primera nota desde el patio de butacas.
Bajo la dirección escénica y general de Pablo Prados y la musical de Ángel Chimchilla toda esa estela de personajes y situaciones del imaginario Madrid de finales del XIX cobró vida y milagros sobre las tablas como un viaje emocional en el tiempo. ‘Agua, azucarillos y aguardiente’ fue interpretada en sus principales papeles por Nuria Pérez (Asia), Amelia Font (Doña Simona), Lourdes Martín (Pepa), Rosa Ruíz (Manuela) y Miguel Guardiola (Lorenzo).
Esta adaptación ofrecida por el Teatro Lírico Andaluz permitió al público adentrarse en enredos y ocurrencias de forma fluida y dinámica. Sin duda, una cualidad de esta compañía que es un seguro de éxito como así sucedió la noche del pasado viernes. Dramaturgia intercalada de pasajes musicales, algunos de los cuales tienen su lugar en la memoria de quiénes tienen la suerte de amar el gran Género Chico español.
Aunque los tipos humanos y las situaciones de la Zarzuela de ambiente madrileño responde en mayor medida a la inventiva de libretistas como este Miguel Ramos Carrión, siempre existe una conexión con una realidad intemporal. Así, el pollopera finolis de esta obra habla como un joven del Barrio de Salamanca y su pretendida Asia podría emular a una joven de nuestro tiempo que quema sus naves por alcanzar una gloria que no merece. También, la amenaza del desahucio tan de nuestro tiempo, emerge en esta obra envuelta en tretas disparatadas y compensada, al fin, por pasajes de encantadora ironía como es el ‘Coro de las niñeras’. Cosas de la Zarzuela y de la vida.
Con todo, el conocido dúo de ambos que constituye un pasaje esencial de la pieza, conduce la acción dramática a ese lugar mágico que solo alcanza la Música. Todo ello sin olvidar a los actores de reparto, y al coro femenino que destilan, todos juntos, compromiso artístico.. El público no dejó de aplaudir a lo largo de toda la representación, premiando al final con una prolongada ovación.
‘La gran vía’ La segunda obra representada se puede considerar un título esencial del Género Chico. Más antigua en su estreno que la otra zarzuela representada. Si ‘Agua azucarillos y aguardiente’ se estrenó en 1897, ‘La Gran Vía’ llegó a los escenarios once años antes. Como en la práctica totalidad de las zarzuelas “madrileñas” la calle es un verdadero escenario vital y antropológico. Por eso, muchos de los números musicales de este destacado capítulo del legado lírico español reflejan a su manera la cotidianeidad urbana. Es el caso del ‘Coro de los ratas’ o el lamento con retranca ‘Pobre Chica, la Que Tiene Que Servir’, conocido como ‘Tango de la Menegilda’.
Una parte esencial de esta obra es el intercambio de razones entre el Caballero de Gracia, que interpreta con resuelta eficacia Pablo Prados, y el Paseante en Corte, al que pone voz Miguel Guardiola.
En los papeles más destacados hay que citar a Amelia Font en el papel de Doña Virtudes, un nombre que admite interpretaciones irónicas, especialmente cuando da la réplica a La Menegilda, citando las cuitas y desvelos de las amas que tienen que lidiar con sus criadas.