Los secretos de un cine almeriense para que el espectador viva una experiencia inolvidable
Kinépolis Almería Mediterráneo nos muestra el trabajo antes, durante y después de cada sesión

Álvaro Rial y Cielo Diez, Theater Managers de Kinépolis Almería Mediterráneo.
"Somos muy exigentes con que la experiencia del cliente sea plenamente satisfactoria y la trabajamos desde antes del espectador entre al cine hasta que vuelve a su casa", explican Cielo Díez y Álvaro Rial, Theater Managers de Kinépolis Almería Mediterráneo.
Y es que, en el cine hay un trabajo constante e invisible para que de lo único que tenga que preocuparse el espectador es de pasar un buen rato. Desde que las salas estén siempre limpias hasta que cada palomita tenga sabor, todo está supervisado.
"Sabemos que no todas las sesiones dejan la sala igual. Una película infantil suele requerir muchos más recursos de limpieza que una de autor”, dice Cielo riendo.
“También hay géneros donde el consumo de comida es mayor y eso lo tenemos previsto. Todo está muy procedimentado: cuándo hay que limpiar, cuándo reponer y cómo hacerlo para que la experiencia no cambie según la hora a la que vengas".

El sistema de autoservicio de palomitas de Kinépolis Almería Mediterráneo.
Una de las particularidades de Kinépolis Almería Mediterráneo es que cada cliente puede servirse él mismo y mezclarlas las palomitas a su gusto a través de un dispensador. "Puedes combinar palomitas saladas, dulces o de caramelo como quieras", comenta Álvaro. “Las hacemos nosotros aquí. Tenemos nuestra propia cocina y vamos produciéndolas durante toda la jornada para ir rellenando los dispensadores".
Además, la oferta gastronómica también ha evolucionado. El cine incorpora pizzas, perritos, empanadillas, nachos y diferentes variedades de palomitas gourmet. De hecho, Cielo destaca que las empanadillas son las grandes desconocidas.
Pero el funcionamiento de un cine va mucho más allá de la limpieza o la restauración. Existe un equipo de mantenimiento que trabaja prácticamente a diario solucionando pequeñas incidencias que el público apenas llega a notar. "Una butaca que necesita un tornillo, un grifo que pierde agua, un escalón que hay que reparar... Todo se registra en un sistema para que pueda resolverse lo antes posible".
La planificación también cambia constantemente. Antes de cada estreno se analizan las preventas para decidir cuántas sesiones habrá, cuánto personal será necesario o si será preciso abrir nuevos pases. "Trabajamos con previsiones, pero hay películas que de repente funcionan mucho mejor de lo esperado. Entonces hay que reaccionar muy rápido".
Si una sesión se queda pequeña, el equipo reorganiza horarios, incorpora más trabajadores e incluso añade nuevas proyecciones. "Ese es el motivo por el que en la programación aparece el mensaje de 'sujeta a cambios'".
Para Álvaro el mejor momento es cuando el público reconoce que han estado a gusto. "Lo que más me gusta es cuando recibimos una encuesta de satisfacción y ves que alguien dice que se lo ha pasado muy bien, que le han atendido bien o que estaba todo muy limpio. Ahí piensas: 'Lo hemos hecho bien'. Al final buscamos que la experiencia se convierta en un recuerdo y que el cliente quiera volver".