Donde ocurre la magia: así es la sala de máquinas de uno de los cines más longevos de Almería
Nos adentramos en las entrañas de Kinépolis Almería Mediterráneo para conocer sus secretos

Pablo Carmona, proyeccionista en Kinépolis Mediterráneo.
Detrás de cada sesión en Kinépolis Almería Mediterráneo hay un trabajo silencioso que el espectador no percibe. Sobre sus cabezas se extiende un pasillo de casi 100 metros, en completa oscuridad y con un murmullo constante, donde se encuentran los 10 proyectores que se encargan de llevar la magia a las pantallas de las 10 salas de cine.
"Todo está centralizado mediante un sistema que se llama TMS. Es el encargado de gestionar el contenido, automatizar las salas y hacer que podamos controlar todo desde un solo ordenador", explica con pasión por Pablo Carmona, proyeccionista del cine.
En un servidor central formado por 12 discos duros de cuatro terabytes se almacenan películas, trailers publicidad y el resto de contenidos que después llegarán a las salas. “Es el cerebro del cine”.
Control al detalle
La automatización hace que gran parte del proceso funcione prácticamente solo. "Tenemos un servidor que va descargando contenidos casi a diario y los vuelca automáticamente en nuestro sistema".

Uno de los proyectores de Kinépolis Mediterráneo Almería.
Incluso la selección de los tráilers está programada desde los servicios centrales de Kinépolis. "Desde Madrid crean una especie de lista de reproducción para cada película. Si es una película infantil, por ejemplo, llevará publicidad y avances dirigidos a ese público".
Aunque hoy todo es prácticamente digital, las películas siguen viajando de distintas maneras hasta el cine. "Tenemos un sistema mixto. Algunas distribuidoras nos envían el contenido en discos duros físicos y otras lo hacen por satélite o por internet", cuenta.
Ese archivo recibe el nombre de DCP, un paquete que incluye imagen, sonido y todos los metadatos necesarios para la proyección. "Después llega la KDM, que es la clave que decodifica ese archivo. Puede llegar incluso horas antes del estreno y solo permite reproducir la película dentro de una ventana de tiempo concreta. Hasta que esa clave no está activa, la película no se puede proyectar".
Pablo recuerda que producciones como Avatar incluían instrucciones muy concretas sobre niveles de sonido y configuración de la imagen. "Cada versión de una película puede ocupar unos 100 gigas, aunque un título como Avatar, con todas sus versiones, llegó a rondar los 350 gigabytes".
Y ni siquiera cuando llegan al cine las películas están completamente cerradas. "A veces se envían pequeñas correcciones de última hora para modificar algún detalle o sustituir un archivo. Son cambios muy sutiles que el público ni siquiera percibe".
Antes de cada estreno también existe un trabajo de supervisión que el espectador nunca llega a ver. "Todas las semanas hacemos controles técnicos en todas las salas para comprobar que cada canal de sonido funciona correctamente".
"Lo más bonito es ver cómo se hace la magia desde dentro. Nosotros podemos observar la reacción de la gente cuando empieza la película y ver esa emoción desde la cabina es algo muy especial", concluye Pablo, una de las personas con las que, gracias a su trabajo, podemos viajar a los mundos que se proyectan en las salas de Kinépolis Almería Mediterráneo.