El concierto de Shakira en Almería que nunca fue: historia de una decepción
La artista colombiana, que ofrecerá doce directos en Madrid, canceló en el último minuto su actuación en el Estadio de los Juegos Mediterráneos en junio de 2011

Shakira, en una imagen actual, y la decepción entre sus seguidores almerienses tras la cancelación de su concierto el 1 de junio de 2011.
Shakira reunirá hasta el próximo 11 de octubre en Madrid, en un estadio levantado para la ocasión en el barrio de Villaverde, a más de 600.000 personas, en una residencia de doce actuaciones enmarcada en su gira ‘Las mujeres ya no lloran’ con entradas que oscilan entre los 73,5 y los 725 euros.
“Ese amor y ese apoyo que nunca me faltó de mis fans españoles, de mi público, de la gente de España, es lo que me hace volver”, ha expresado la artista. Unas palabras que a buen seguro habrán hecho recordar a sus seguidores almerienses el momento en el que estuvieron a punto de verla cantar y bailar en el Estadio de los Juegos Mediterráneos. Corría el 1 de junio de 2011 y aquel directo se canceló en el último minuto. Esta es la historia de una decepción y de los motivos, sobre los que siempre sobrevoló la sombra de la duda, que llevaron a la cancelación de un espectáculo enmarcado en la gira ‘Sale el sol’.
El poder de una ‘waka-noticia’
“Os hemos convocado para daros una waka-noticia”. Aún con el sabor en los labios del primer Mundial ganado por España meses atrás (cuya canción oficial, ‘Waka Waka (This Time for Africa)’, interpretaron Shakira y los sudafricanos Freshlyground), Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, entonces alcalde de Almería, anunciaba a los medios el 1 de marzo de 2011 que la artista iba a actuar en la capital tres meses más tarde.
Sería uno de los únicos cinco conciertos que la colombiana ofrecería en España ese año junto a los de Barcelona, Valencia, Madrid y Bilbao. “Hemos mejorado la oferta de Sevilla y Málaga y nos hemos hecho con la actuación de Shakira”, desvelaba ufano el regidor. El precio de las entradas iría de los 50,50 euros en grada alta hasta los 215,5 euros reservados para zonas VIP. El Ayuntamiento estimaba una asistencia de entre 30.000 y 40.000 personas.
A pesar de la magnitud de las cifras, Shakira afirmaba en una entrevista publicada en LA VOZ ese mayo que el concierto sería “una fiesta entre amigos” en un “clima de mucha intimidad”.
Buscando bailarinas en las Almadrabillas
Para acompañar sobre el escenario del Estadio de los Juegos Mediterráneos a la cantante de éxitos como ‘Ciega sordomuda’, ‘Estoy aquí’, ‘Las de la intuición’ y ‘Antología’, Movistar organizó un casting de bailarinas y bailarines.
Una prueba que reunió el domingo previo al concierto a decenas de aspirantes en el Parque de las Almadrabillas en una cita animada por la bailarina y coreógrafa cubana Marbelys Zamora, muy popular entonces por el programa ‘Fama, ¡a bailar!’, y por el cantante almeriense Ángel Capel, surgido de la cantera de ‘Operación Triunfo’.
Las elegidas fueron la bailaora garruchera Anabel Veloso y la profesora de baile Silvia Lorenzo, con una joven brasileña, Raisa Hermida, en la reserva. A 72 horas del concierto, aún pensaban que podrían saltar cerca de Shakira.
Aparcamientos y seguridad
El concierto de Shakira en Almería acaparó titulares durante varias semanas, con un goteo de datos que iban caldeando el ambiente.
Por ejemplo, el 31 de mayo, un día antes del concierto, LA VOZ publicaba que se habían habilitado dos aparcamientos gratuitos entre las inmediaciones del estadio y el por entonces nuevo Recinto Ferial de la Vega de Acá.
Un total de 5.000 plazas a las que se sumarían dos líneas de autobús habilitadas para el concierto, cada una de ellas con dos vehículos que saldrían cada diez minutos desde la puerta del colegio Stella Maris (las Jesuitinas) hasta el lugar del concierto por dos itinerarios diferentes.
Un millar de efectivos entre Policía Local, Bomberos, Protección Civil y Policía Nacional (con agentes de la Unidad de Prevención y Reacción) velarían por la seguridad de los espectadores. Un dispositivo completado por cuatro ambulancias, una de ellas una UVI móvil, con médicos y sanitarios dispuestos para cualquier emergencia.
Un avión privado y 3 hoteles reservados
Mientras el escenario de 400 metros cuadrados iba tomando forma en el Estadio de los Juegos Mediterráneos, comenzó a hablarse de cómo llegaría la estrella de Barranquilla hasta la tierra del indalo. Y, por supuesto, si su pareja, Gerard Piqué (nadie imaginaba entonces lo de ‘clara-mente’), la acompañaría.
Esta incógnita se desveló pronto: el futbolista del Barcelona estaba concentrado con la Selección Española. Quedó en el aire dónde se alojaría la cantante: Lola de Haro, concejal de Cultura, desveló que se desplazaría hasta Almería en su avión privado y que tenía reservados tres hoteles, aunque no se especificó “si en la capital o en municipios cercanos”, dijo la edil.
Y llegó el día (pero no Shakira)
La tarde del concierto fue avanzando entre la expectación propia de los grandes conciertos, con algunos seguidores a las puertas del estadio desde la noche anterior, y un creciente runrún de que algo no iba del todo según lo previsto.
Hubo quien dijo que el vuelo de Shakira, previsto para aterrizar sobre las cuatro de la tarde, se demoró a causa del viento. También se achacó a las inclemencias meteorológicas un retraso en el montaje del escenario. Fuera como fuera, a escasas horas del comienzo del espectáculo, la sensación de que la cantante no iba a actuar en Almería era más que palpable. De hecho, su avión nunca llegó a aterrizar en el aeropuerto de El Alquián.
No fue hasta las ocho, dos horas antes del concierto, cuando el público supo, a través de carteles colgados en el recinto y de anuncios por megafonía, que Shakira no cantaría esa noche.
Una hora más tarde, representantes del Ayuntamiento de Almería y de la promotora Musiserv Producciones, asociada a Live Nation España, responsables de la organización del concierto, explicaban los motivos de la cancelación, una decisión en la que prevaleció la seguridad del público.
“El concierto se ha tenido que suspender por un problema estructural derivado del fallo de una soldadura en uno de los soportes de los pilares que sustentan el escenario”, esgrimieron. Es decir, una pieza defectuosa dejaba a Almería sin bailar al ritmo del ‘Waka Waka’.
“Lo peor es que no te digan nada: si saliesen y nos aclarasen que se cancela de forma indefinida, nos iríamos a nuestra casa. Incluso los que vienen de fuera aprovecharían para conocer la ciudad, pero esta incertidumbre es intolerable”, se lamentaban los fans, que llegaron a entonar cánticos contra Shakira.
Por su parte, la cantante, a través de un comunicado, aseguraba que estaba “deseosa” por actuar en Almería y defendía que “por todos los medios” se intentó que el concierto se llevara a cabo, algo imposible por “daños en el escenario”. “Estoy feliz de que al menos nadie haya sufrido ningún daño”, concluía.
Devolución de entradas y polémica política
Decepcionada por el giro de los acontecimientos, Lola de Haro anunció que los seguidores podrían solicitar la devolución de las entradas a partir del viernes 3 de junio.
La promotora señaló que se habían vendido “entre 10.000 y 12.000 entradas” hasta el momento de la cancelación. Y aquí comenzó la guerra política y la creciente sospecha de que esas cifras habrían influido en la decisión final.
Déborah Serón, concejal del grupo municipal socialista, criticó al equipo de Gobierno por el “elevado precio” de las localidades y consideró “un verdadero fracaso” que la estrella latina no pisara Almería.
La edil de Cultura también tuvo que hacer frente a un informe que recogía que solo se habían vendido 5.652 localidades. Sin embargo, la concejal afirmaría después que esa cifra correspondía solo a uno de los puntos de ventas oficiales habilitados, por lo que si se extrapolaban se llegarían a los números defendidos por la promotora. En cualquier caso, muy lejos de las previsiones iniciales: hay que recordar que Rodríguez-Comendador preveía una afluencia de entre 30.000 y 40.000 personas.
Quince años después, Shakira ya no está con Piqué, España ha vuelto a ganar un Mundial con la banda sonora de otra de sus canciones y los precios que antes nos parecían extraordinarios hoy son los habituales de cualquier concierto. Y quién sabe si entre la chavalería que se abrazaba desconsolada en el Estadio de los Juegos Mediterráneos por quedarse sin escuchar a su ídolo no estarán algunos de los adultos felices que ahora la verán, sin llorar y facturando, en Madrid.