Anatomía de un museo andante: los coches antiguos de Almería
¿Están los hijos y los nietos dispuestos a prolongar la vida de estas piezas de colección?

Imagen de la última edición de la Ruta de Vehículos Antiguos de Almería.
Dice Nicolás Martín, natural de Almería, que cuando era pequeño se enamoró de los coches antiguos al darse de bruces con la belleza rutilante de un Buick: “Y desde entonces me gustan”. Conduce un Packard de 1937 que mima como si fuera un chiquillo. Lo tiene desde hace 40 años. Es un coupé convertible que tiene un asiento en la parte trasera al que se accede mediante escalo. Es el ‘Ahí te pudras’. Para algunos, ‘el asiento de la suegra’: “Es un asiento postizo que se destapa. Se sube a través del guardabarros. Pueden ir dos pasajeros atrás”. El asiento nació en los carruajes del Viejo Oeste cuando los dueños necesitaban trasladar a los criados: “Le gusta mucho a los niños, pero ahí van también mayores”. Son coches viejos, pero duros: “Tienen una mecánica muy simple y robusta y es difícil que se averíen”.
La Ruta de Vehículos Antiguos de Almería, edición 35, termina este lunes en Almería tras un periplo de cuatro jornadas maratonianas. El museo andante ha visitado El Ejido -invernadero de última generación-, Almócita -propuesta ecológica disruptiva- y Uleila del Campo -con sus bodegas y almendros al pie de Monteagud-. Un hombre alto con bigote y talante tranquilo, José Juan Soria, lidera la organización desde el Club de Vehículos Antiguos de Almería, pero detrás hay otros nombres de peso como Nicolás Martín, Francisco Góngora, José Mercader o Alfonso Montilla.
Ramón Montero es de Benidorm. Mercedes 220 A Coupé. 1950: “Desde hace muchos años me han gustado los coches y, con el tiempo y el poder adquisitivo, he ido comprando hasta llegar a tener una pequeña colección”. Los 340 kilómetros que separan su ciudad de Almería los ha hecho al volante de este clásico: “He venido a una media de 100 kilómetros por hora. Si se le pisa mucho, puede alcanzar los 140”. Tiene cinco marchas, cuatro de fábrica: “Lo peculiar es la carrocería. En los años 50 llamaba la atención bastante. Era una gran novedad”.
De Granada llegaba Javier Molina, uno de los propietarios más jóvenes, con su Mercedes 190 modelo Collard de 1965. Motor diésel de cuatro ciclindros. Ha tardado dos horas en el trayecto a una media de 100 kilómetros por hora. Sus alas traseras imponen. “Esto es como tener un niño chico todo el día pidiendo. No vale dejarlo en una esquina. Hay que sacarlo cada mes y hacer el mantenimiento, aunque el mío tiene un motor muy duro”. Javier apena rebasa la treintena. No es el perfil de aficionado a los vehículos antiguos. Tiene su razón: “Yo he nacido con esto entre mis brazos porque mi abuelo era coleccionista, mi padre también lo fue y no me han enseñado otra cosa en la casa”, confiesa. Para este piloto granadino, los jóvenes se van incorporando a este universo tan particular, aunque tienen difícil familiarizarse con las marcas más nobles. Eso acarrera un proceso: “A lo mejor al principio no pueden conducir un Packard o un Rolls Royce, pero sí un Ford, un Seat, un Citroen, que también tienen su encanto. Son clásicos populares que gustan”.
De Soria venía Antonio Alcázar. Ford A doble Phaeton de julio de 1928. Chapa y pintura impecables. Descapotable. Dice que es un coche fiable. “Te lleva al fin del mundo. Salimos de Soria el jueves (6 de septiembre) a las seis de la mañana y llegamos a Almería a las 5 de a tarde”. Fue este modelo el segundo gran triunfo automovilístico de la marca fordiana tras el pionero Ford T. Se comercializó masivamente, pero solo hasta 1931. Antonio tiene la suerte de mimar uno en su garaje. Ha llegado a Almería con su mujer: “En Soria hacía 6 grados cuando salimos. Aquí hemos descapotado el coche y la gente va aún en chanclas”, nos dice ella. “Es una bendición”, apostilla él. Su Ford A está construido para hacer kilómetros. No es una pieza de museo: “Paseo por Soria y por toda España. Acabamos de hacer el Camino de Santiago: Soria-Roncesvalles-Santiago- Soria: 1.800 kilómetros, una semanita”.
Alfaro González es de Cuenca. Cuando hablamos con él estaba quitando la capota de su MG TD del año 1952. Era en su día un gran deportivo descapotable: “Lo tengo desde hace 20 años”. Sale habitualmente con él: “Hago rallyes como el de Almería. He estado aquí muchos años. Aquí hay un gran clima y la provincia está muy bien. Y encima tenemos muchos amigos. Hemos formado una familia. Como todo, crea afición y se originan unos vínculos. Lo disfruto”, reconoce.
Los más de 40 coches de la ruta de este año han parado en el Museo Pepe Moreno, propiedad del experimentado mecánico que pasa por ser el gran coleccionista de vehículos antiguos de la provincia de Almería. Allí tiene coches de lujo, grandes clásicos, utilitarios y hasta una máquina de vapor de 1885. Las cámaras de los smartphone han vuelto a inmortalizar el paso de la ruta por este santuario. Centenares de curiosos se han echado fotos en la capital y en los pueblos junto al Chevrolet Landau de 1928, el Franklin de 1926, el Nash de 1928, el Rolls Royce de 1934, un singular Citröen 11 modelo presidencial, un Plymouth PC de 1932, un Austin Seven de 1930, un Chrysler 77 de 1930 –color nata-. Son los más viejos, pero quién no firmaba tener otros más jóvenes como un Cadillac ‘El dorado’ de 1957, un Mercedes Benz/170 D de 1953, un Biuck de 1948, un Ford Mustang de 1957 o un Lancia HF 1600 de 1973.
Dice José Juan Soria que hacen falta mecánicos: “Queda uno de aquella época con conocimientos para reparar estos vehículos. Y está jubilado. Tenemos que llamarlo a veces para que nos eche una mano”. Pero estos motores no solo precisan mantenimiento. Necesitan también relevo generacional. ¿Están los hijos y los nietos dispuestos a prolongar la vida de estas piezas de colección?