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Todo el mundo quería que Juan Tamariz le sacara al escenario

Todo el mundo quería que Juan Tamariz le sacara al escenario

Jacinto Castillo
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No hizo falta ningún truco para que Juan Tamariz se llevara la primera ovación de la noche del sábado en el Maestro Padilla. Sólo con salir al escenario, el público le demostró todo el cariño y la admiración que profesa a este genio de la magia.

El genio de Juan Tamariz sigue igual que hace décadas, si acaso, ensanchado por la incorporación de recursos tecnológicos impensables cuando inició su carrera en la magia blanca y en el humor blanco. ‘Magia potagia’, se llama esta propuesta que sólo pretende hacer disfrutar un  buen rato. Nada más y nada menos.

Armado con su violín invisible que siempre da los mismo acordes triunfales -ñian, ñiaaan-, tocado con ese sombrero que parece que no es suyo y oculto detrás de una mirada de brillante inocencia, Tamariz demostró en público que no hace falta fabricarse la fama a costa de lo que sea. Él es su propia campaña de marketing, su propia imagen de marca.  Por todo eso, el Auditorio acogió a un público amplio de todas las edades, que siempre levantaba la mano cuando el mago parecía querer contar con algún colaborador espontáneo.

Tamariz se hizo célebre en la televisión, pero domina el cuerpo a cuerpo como nadie, porque ha elegido la proximidad del público como la mejor prueba de la genialidad de sus números. Tan cerca a veces, que los propios voluntarios participan de manera decisiva en la solución de algunos de los trucos más destacados de su espectáculo.
El ilusionista perfecto siempre conserva una carta en la manga, pero Tamariz parece que lleva más de una, porque no da tiempo a adivinar dónde está el truco. Fue capaz de adivinar una carta pensada por una persona que no estaba en la sala y que intervino a través de un teléfono móvil para sorpresa de todos. Y luego, acompañado por una pareja de espectadores fue capaz de convertir una baraja en una especie de artilugio cinematográfico con el que derrochó talento y ternura.

Tamariz no estuvo sólo . Le acompañaron los amagos Alan y Manuel Vera que “regaló” unas exquisitas sombras chienscas, además de Consuelo Lorgia, a la que presentó como su mujer y que triunfó también con un increible número de adivinación.  Al final un número coral entre todos,  puso en pie al patio de butacas.


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