El Almería, entre el capotazo de Blanes y la estrambótica de Rubi
El club rojiblanco vuelve a invocar su ADN imposible en el momento más extremo de la temporada

De una forma o de otra todos los caminos llevan a la Patrona.
Este club nació con una fe que no entiende de lógica ni de estadísticas. Desde los tiempos del Almería Club de Fútbol, Guillermo Blanes bautizó esas gestas improbables como los “capotazos de la Patrona”, la Virgen del Mar, un concepto tan local como eterno que ha sobrevivido a generaciones, categorías y escudos. No era solo una forma de explicar lo inexplicable, sino una manera de sentir el fútbol en rojiblanco, como si cada partido llevase escondida una historia por escribir desde lo emocional.
Hoy, en una nueva encrucijada, el equipo vuelve a mirar al cielo y a su propia historia. Porque cuando todo parece perdido, el Almería acostumbra a encontrar una grieta en lo imposible, un resquicio por el que colarse cuando nadie lo espera. La clasificación aprieta, los rivales no fallan y el margen es mínimo, pero en el Mediterráneo y en otros escenarios ya se han vivido capítulos similares en los que la lógica acabó rendida ante la fe de un vestuario que nunca dejó de creer.
Rubi, testigo de ascensos y permanencias que desafiaron al sentido común, no descarta nada: “Hemos vivido muchas cosas estrambóticas en el Almería”. Su mirada no es la de un iluso, sino la de alguien que ya ha estado en ese lugar donde todo depende de terceros y de un último empujón propio. Y ese es, precisamente, el hilo al que se agarra la ilusión rojiblanca, entre la obligación de ganar y la esperanza de que, una vez más, el destino vuelva a guiñar al escudo.

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El ADN de lo imposible
Hablar del Almería es hacerlo de un equipo que ha hecho de la excepción su norma. Ascensos por un gol, permanencias en el último aliento, resultados ajenos que terminan decidiendo destinos propios. El caso más recordado, aquel ascenso a Segunda ganado al Real Madrid Castilla por un único tanto de diferencia, resume mejor que ningún otro episodio ese carácter. El club creció entre la incredulidad ajena y la fe propia, forjando una identidad única en el fútbol español.
El fundador del Almería, Guillermo Blanes, puso nombre a lo que parecía no tener explicación. Aquellas victorias surgidas de la nada eran “capotazos de la Virgen del Mar”, intervenciones casi divinas que convertían lo improbable en realidad. No era superstición, sino cultura de club. Cada generación ha heredado ese relato, ese refugio emocional al que acudir cuando la clasificación no da tregua. Porque en Almería nunca se deja de creer del todo, ni siquiera cuando los números dicen lo contrario. Siempre hay un último arreón, una jugada imposible o un milagro que espera su momento para aparecer.

En Valencia se ascendía con la colaboración del Beasaín que empató en Ferrol.
Rubi y la memoria reciente
El actual entrenador no habla por hablar. En su mochila hay episodios que alimentan la creencia. Un ascenso a Primera sellado gracias a lo ocurrido en otro campo y una permanencia agónica lograda en la última jornada de penalti avalan su discurso. “Avanzarse a lo que va a pasar es muy complicado, no solo en el fútbol, en la vida también”, recuerda. Su mensaje es claro: primero ganar, luego mirar alrededor y, mientras tanto, sostener la esperanza.
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El ascenso a Segunda en 1995 colapsó el Santuario de la Virgen del Mar.
Entre el milagro y el método
El Almería necesita hacer su parte y esperar una buena noticia. El guion es conocido: sumar, presionar y llevar la pelea hasta el final. “Pelear hasta la última jornada de Liga también genera un ambiente positivo”, añade Rubi. No renunciaba al ascenso directo, pero tampoco pierde de vista el Play Off. Entre la matemática y la emoción, el equipo vuelve a caminar sobre el alambre de su propia historia. Ganando al Real Valladolid termina tercero y si no lo hace puede despedir la temporada ante su afición.

Aquellos Almerías plagados de almerienses siempre daban la talla.
El último giro del destino
El desenlace aún está por escribir, pero el Almería ya sabe cómo se cuentan estos finales. Siempre hay un giro, un detalle, un suspiro que cambia el relato. Cuando la lógica se agota, aparece el recuerdo de Blanes, el eco de la Patrona y la convicción de Rubi. Porque si algo ha enseñado este club es que, cuando nadie cree, empieza a ser posible. Y ahí, justo ahí, es donde el Almería se siente más vivo. Porque este escudo no entiende de rendiciones ni de cuentas cerradas antes de tiempo. El Almería juega mejor cuando todo parece cuesta arriba, cuando solo queda fe y fútbol para resistir. Y si la historia sirve de guía, aún queda un capotazo por llegar.
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