Un templo del buen yantar
El 'Montenegro' se consolida como lugar de referencia para los almerienses
Seguro que si le pilla con vida a don Quijote de La Mancha hubiese pasado por la 'Bodega Montenegro' porque es el vivo reflejo de esos templos del buen yantar que aparecen en la obra de Miguel de Cervantes. Todos lo conocen porque se ha encargado de ello a lo largo de su vida un Pepe Ibarra que sigue incombustible en la Plaza Granero a la que llegaba desde su barrio del Quemadero natal. Entró en ella siendo un niño y ahora la regenta uno de sus hijos, pero no falta cada día y se da una vuelta para ver como va todo. En el corazón de Almería, en pleno Casco Histórico, allí está la bodega casi como el primero de sus días porque es Pepe Ibarra un amante de la tradición. Puede cambiar el año y la cosecha pero nunca el sabor de ese vino de Alboloduy al que se abonó de por vida para que lo disfruten los clientes: unos almerienses y muchos venidos desde diferentes puntos de España que no lo dudan a la hora de 'tapear' como Dios manda. Por años que pasen siempre quedará un chato de vino en la 'Bodega Montenegro'.

Pepe Ibarra a la puerta de su templo del buen yantar.

Los toneles siguen dando sabor al vino del Montenegro.

Pepe como asomado al diseño que identifica su gran obra.

Padre e hijo unidos por la tradición más almeriense.

Uno de los premios que se lucen en la bodega.

Un momento de relax antes de la llegada de los clientes.

Pepe tiene un buen heredero para su gran obra.

Su mirada de hombre emprendedor e incansable.

Ahora toca estar al otro lado de la barra.

Posando para la cámara de Juan Lozano en la bodega.
