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Juan Andrés, un almeriense en Hong Kong: "Para que la música clásica funcione, hay que pensar de forma no clásica"

El violinista lleva una década enseñando en la región china, donde ha construido una carrera repleta de logros

Juan Andrés Carmona Valdivia, violinista profesional, docente y director.

Juan Andrés Carmona Valdivia, violinista profesional, docente y director.Cedida a La Voz

Elena Ortuño
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El violín de Juan Andrés Carmona Valdivia suena entre los rascacielos de la Perla de Oriente y los arenales de Almería. Como nómada musical, anduvo por un sinfín de ciudades europeas hasta que, inspirado por una amistad nacida entre partituras, echó raíces en Hong Kong. Ganador de premios internacionales, director de orquetas de cámara, profesor empedernido y vehemente músico, el joven apuesta este verano por devolver la música a los pueblos de la provincia almeriense a través del II Festival Internacional de Música de Sorbas, que se celebrará desde el próximo 27 de julio hasta el 4 de agosto.

Un músico almeriense en Hong Kong. ¡Qué extravagante!

[Ríe]. Supongo que sí, pero para mí fue muy natural.

¿Cómo acabó allí?

Estudiando en Londres conocí a mi mejor amigo, que, precisamente, era de Hong Kong. Cuando terminamos los estudios, regresó a su país y me invitó a acompañarlo. Fui, en principio, por poco tiempo.

Pero no fue así.

No. Me surgió un concierto, luego los alumnos... y me quedé. Después llegó mi pareja, que es clarinetista. La conocí en Londres.

No me imagino cómo debió de ser la adaptación.

Fue rara, porque nunca había viajado tan lejos. La comida, por ejemplo, fue uno de los cambios más radicales: desayunar sopa con fideos choca bastante. El clima también es distinto: hay una humedad del 90%. Durante seis meses al año parece que vives en un invernadero. Pero tenemos suerte. En lugares como Vietnam vives con esa humedad enorme todo el tiempo.

Y creíamos que Almería era húmeda...

Al final compensa. La gente es muy amable. Son muy parecidos a nosotros: disfrutan del tiempo libre, salen, comen fuera... pero también son más reservados en algunos aspectos, sobre todo con los europeos.

Es una combinación curiosa.

Sí, aquí en Hong Kong se mezcla lo moderno con lo tradicional: puedes ver rascacielos junto a templos de 200 años. Es muy interesante.

¿Qué le ha enseñado vivir tan lejos de su hogar natal?

A ampliar la perspectiva, sin duda. A pensar cómo otras culturas podrían entender mis ideas. Eso abre mucho la mente, genera nuevas ideas. Algunas funcionan y otras no, pero te ayuda a tener un criterio más amplio.

Póngame un ejemplo.

Los conciertos. Para que la música clásica funcione hoy hay que pensar de forma no clásica. Si no, se queda en un nicho muy pequeño. Por ejemplo, hacer conciertos en sitios no convencionales, como hicimos el año pasado en el I Festival Internacional de Música de Sorbas. Nos metimos en una de las cavernas para hacer el primer concierto de toda la historia de las cuevas.

Lo recuerdo. Eso sí que fue inolvidable.

Sí, la gente habló mucho de ello. Logramos que se acercaran a escuchar.

¿Valoramos menos la música clásica hoy?

Se escucha de manera distinta. Hay más tipos de música y más competencia. La música "clásica" -o la música interpretada por instrumentos clásicos, como prefiero yo llamarla- sigue teniendo valor, porque lo que es bueno perdura siglos y ofrece algo muy necesario hoy: desconexión, atención y estar en silencio escuchando, sin el móvil.

Lo que cuesta es atraer al público.

Sí, lo difícil es hacer que la gente venga; una vez viene, suele repetir.

¿Ha influido en esa visión musical o en su forma de interpretar haber estudiado en Almería?

Claro que sí. Empecé allí desde pequeño. Las clases fueron mi primer encuentro con la música, porque no vengo de una familia de músicos, aunque sí reconozco que mi tío, Ángel Valdivia, es productor en Castell del Rey. Cuando era chico siempre insistía en que fuese al estudio a hacer pruebas, me acercó al mundo de la grabación. Aún sigo colaborando con él de vez en cuando.

Qué importante es el papel de la familia.

Es fundamental. El profesor solo ve al alumno una hora a la semana. Mis padres me apoyaron en todo lo demás. Sin ellos habría sido muy difícil.

¿Cómo lo ayudaban?

En Almería las clases eran colectivas. Cada alumno tenía su espacio individual mientras el resto escuchaba. Mi madre entraba siempre a todas las clases. Estoy convencido de que conoce toda la teoría básica del violín.

¿Y su padre?

Después de Almería trasladé mi formación a Murcia. Mi padre me llevaba en coche dos días a la semana hasta allí y luego me devolvía. Eran cuatro horas al volante. Le tengo mucho que agradecer.

¡Eso sí que es compromiso! ¿Le ha aportado mucho en su día a día el haber estudiado música?

Sí, mucha paciencia. He entendido que las cosas importantes llevan tiempo y requieren una visión a largo plazo. He entendido que lo bueno de verdad perdura y he podido comunicarme con gente de otros países sin necesidad de idioma. Y bueno, no me puedo olvidar de mi pareja. Sin la música nunca la habría conocido.

Claro, es un lenguaje universal.

Sí, aunque hay diferencias entre músicos de distintos países. Cada vez menos, por la globalización, pero hay estilos. En Asia se cuida mucho la técnica y la perfección. Allí tienes que ser el mejor, no se acepta ningún error. En Europa se prioriza más la expresión y la individualidad artística; el sentimiento.

"La música me permitió hablar con gente con la que no comparto idioma"Juan Andrés Carmona

¿Y por qué el violín?

Si te soy sincero, porque no quedaban plazas en otros instrumentos. Yo quería el piano, como todo el mundo. Mi madre me dijo: "Pues violín, que también es bonito". Fue más una cuestión de practicidad que de romanticismo.

Dígame una obra que aún le ponga la piel de gallina.

'Claro de luna', de Debussy. Y Beethoven en general, por su capacidad para transmitir las emociones humanas básicas.

Es tanto intérprete como maestro. ¿Se siente más músico o profesor?

50-50. Dar clase es otra disciplina que aprendes con el tiempo.

Ambas facetas se van a unir en una nueva edición del Festival Internacional de Música de Sorbas.

Sí. Queremos hacer algo que nos guste, no por encargo. Cuando las cosas se hacen por amor, esa pasión se transmite. Buscamos cercanía con el público y flexibilidad. A veces decidimos el repertorio el día antes de la actuación, según cómo nos sintamos.

¿Hay hambre cultural en Almería?

Se vive tan bien que no siempre se buscan cosas nuevas. Pero sí hay interés. Yo quiero acercar estas experiencias para que la gente las descubra.

Un consejo para aquellos que vayan a participar en el festival.

A los alumnos, que no tengan miedo: van a aprender mucho. Aún están a tiempo de apuntarse. Al público, que venga sin expectativas y se deje sorprender.

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