“El amor no debería necesitar permiso”: casadas en Las Vegas después de 30 años de relación
Desde Aguadulce defienden la dignidad, la libertad y el poder del arte como refugio y esperanza

Dori e Isabel con en el centro rodeadas de sus damas de honor, celebrando en Las Vegas.
Entre lienzos, libros y CD´S Dori Ruiz e Isabel Villar me reciben en su estudio de Aguadulce. Ya han entrado en sus sesenta y llevan más de tres décadas juntas y ocho años casadas. Comparten el gusto por el arte, complicidad y una historia que combina ternura, lucha y gratitud. Su vida es un testimonio de amor maduro, compromiso y libertad.
¿Cómo se conocieron?
Isabel: Fue casi por accidente. Una amiga me pidió que la acompañara a un viaje a Almería. Allí conocí a Dori, que era la guía. Recuerdo que me cayó fatal. Le pregunté por un autobús y me contestó con mala cara. Pensé: 'Qué tía más borde.'
Dori: (ríe) No sabía quién era. Luego, cuando su amiga me pidió incluir a otra persona en el grupo, yo bromeé: 'Si está buena, que se venga a mi habitación'. ¡Y era ella!
Isabel: El destino tenía sentido del humor. Aquel viaje cambió mi vida. Empezamos a hablar por teléfono todos los días, durante horas, y al final dejé mi ciudad, mi trabajo y mi familia para venirme a Almería. No me lo pensé dos veces.
¿Cómo surgió la idea de casaros en Las Vegas?
Dori: Todo empezó como una broma en un viaje a la India. Dije: 'Si el año que viene vamos a Estados Unidos, me caso en Las Vegas'. Y las amigas lo tomaron al pie de la letra. Empezaron a organizarlo todo: los vestidos, las damas de honor… Cuando nos dimos cuenta, estábamos volando hacia allí.
Isabel: Fue una boda loca y maravillosa. Nos casamos en la misma capilla donde lo hizo Bon Jovi, con un Elvis que cantaba en directo. Íbamos veinte mujeres en una limusina rosa de dieciséis metros, brindando con champán y riéndonos a carcajadas.
Dori: Aunque ya estábamos casadas en España, la del verano pasado fue una celebración simbólica. Lloramos todas. Fue nuestro homenaje a la vida y a la libertad.
Han sido pareja visible durante muchos años. ¿Cómo ha cambiado la percepción social desde entonces?
Dori: Yo nunca tuve que salir del armario porque nunca estuve dentro. Siempre fui quien soy. Cuando presenté a mi pareja, dije 'es mi pareja' y punto. No pedí permiso ni disculpas. Y tuve una época difícil porque formaba parte de los grupos catecumenales y me preguntaba mucho si lo que hacía era pecado. Hasta que un día acepte que mi manera de amar no hacía daño a nadie.
Isabel: la gente cercana siempre nos ha respetado y nuestras familias, todos se llevan estupendamente.
¿Qué opináis de la situación actual del colectivo LGTBI?
Dori: Creo que hemos avanzado en derechos, pero la lucha no debe convertirse en espectáculo. No me gustan los extremos. Los derechos humanos no se negocian, se tienen por el simple hecho de existir. La lucha es por la dignidad, no por llamar la atención. He vivido muchas fiestas gays, pero no me gusta el exhibicionismo que se ve a veces. Hoy en día la comunidad lucha por normalizarse por convertirse en familias, no por esto.
Isabel: El amor no debería necesitar permiso ni etiquetas. A veces se olvida que detrás de todo eso hay personas, historias, familias. Nosotras solo pedimos respeto.
Dori, además de tu historia personal, eres una acuarelista muy activa. ¿Cómo empezaste a pintar?
Dori: Empecé en 2007, en la escuela de Julio Visconti. Me fascinó la acuarela, su transparencia y su dificultad. Pero lo más importante es lo que me enseñó después del ictus: a tener paciencia. Cuando enfermé, perdí parte de mis capacidades. Mi amigo Diego Miguel Rosa venía a casa y me ayudaba a volver a pintar. Y no he vuelto a ser la misma.
¿Qué le empuja a seguir creando?
Dori: La gratitud. Dios me ha dado otra oportunidad, y siento que debo devolver algo. Por eso casi todo lo que hago tiene un fin solidario.
¿Podría contarnos algunos?
Dori: Claro. Empecé con 'Platero y yo', un libro ilustrado cuyos beneficios fueron para la Asociación ARGAR. Luego vinieron 'Cabo de Gata, espuma y verso', 'Roquetas, dibujo a dibujo' y las camisetas solidarias durante la pandemia.
¿Camisetas solidarias?
Dori: Sí. Se llamaba 'Te cambio mi camiseta por alimentos para quien más lo necesita'. Las vendía a precio libre y con lo recaudado comprábamos productos infantiles: leche de continuidad, carne, pescado. Cosas que los bancos de alimentos no suelen cubrir. Fue precioso.
Isabel: Dori no puede parar. Siempre está ideando algo nuevo. El arte es su manera de dar las gracias y de ayudar.
¿En qué proyecto trabaja ahora?
Dori: Estoy preparando una antología poética que se llamará 'Almería, casco histórico: alma y duende de una ciudad'. Tendrá ilustraciones y un código QR para escuchar los poemas recitados por sus autores. También incluirá cantes como el taranto o el fandanguillo.
Después de todo lo vivido, ¿qué les queda por soñar?
Dori: Seguir pintando y Y que el amor, aunque a veces se tambalee, siga siendo la razón para quedarse.
Isabel: La clave en una relación tan larga es que cada una tiene su propio espacio.