Michael Thomas: “Intento sacar lo mejor de cada persona, no solo de los músicos”
Cuando era pequeño no podía elegir entre el fútbol y el violín, pero su madre lo ayudó

Michael Thomas.
Michael Thomas (Middlesbrough, Reino Unido, 1960) es violinista, compositor y director de orquesta británico afincado en Andalucía desde hace casi tres décadas. Director titular de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL) y figura clave en la formación de jóvenes músicos, combina la disciplina y experiencia británica con un profundo amor por la tierra que lo acogió. También dirige la Orquesta Bética de Cámara pasando la mitad del tiempo entre Sevilla y Almería. Inquieto e intuitivo ha colaborado con artistas tan diversos como Elvis Costello, Björk, Paul McCartney o David Bisbal, entre otros moviéndose con naturalidad entre la música clásica y la contemporánea.
¿Cómo fue tu infancia?
Crecí en un entorno lleno de música. Mi padre había sido violinista, pero tuvo que dejar sus estudios con el estallido de la II Guerra Mundial y a sus 50 años volvió a formar parte de la orquesta del pueblo. Mi madre me enseñaba flamenco, era belga, yo zapateaba a mi manera sobre la mesa de la cocina cuando era niño. Ella me ayudó a elegir entre ser futbolista o músico.
Michael, ¿cómo empieza su historia con Almería?
Casualidad, mi mujer es almeriense. Cuando nos conocimos vivíamos en Londres donde ella trabajaba en la universidad. Tenía a mis hijos, pero el Cuarteto Brodsky donde tocaba me exigía muchas giras y quería pasar tiempo con mi familia. Después de veinticinco años como primer violín en la formación, decidimos venirnos a vivir a Almería. De lo mejor que he hecho en mi vida.
¿Qué significó para usted dejar el Cuarteto Brodsky después de tantos años?
Fue cerrar una etapa enorme. Formé el cuarteto con solo once años y crecí dentro de él. A día de hoy siguen girando, una de mis 9 hermanas sigue en él.
¿Cómo encontró el panorama musical cuando llegó en 2005?
Sorprendentemente vivo. Almería tiene una oferta cultural y musical muy generosa. Si hablamos en proporción a su población, no tiene nada que envidiar a Madrid o Barcelona. Aquí la gente valora la música, la apoya, y eso hace que los proyectos funcionen. Nosotros tenemos la OCAL, la Joven Orquesta de Almería (OJAL) y la orquesta infantil (OIAL), y entre las tres se crea una continuidad preciosa: los niños crecen, aprenden, y algunos acaban tocando en la orquesta de su ciudad. Es un ecosistema musical del que estoy muy orgulloso.
¿Qué importancia tiene formar a los músicos desde pequeños?
Es fundamental. No hablo solo de preparar profesionales, sino de abrir la mente. La música activa zonas del cerebro que de otro modo no se desarrollan. Enseña a trabajar en equipo, a escuchar al otro, a hacer que algo colectivo funcione. Muchos antiguos miembros de las orquestas jóvenes vuelven años después, con sus familias, y me dicen: “aquella experiencia me cambió la vida”. Y eso no tiene precio.
¿Qué aportó a la orquesta desde su llegada como director?
Mis ensayos son rápidos, dinámicos; no hay tiempo de aburrirse. Intento que los músicos sientan que formamos un equipo. Cuando llegué, noté que en España aún faltaba experiencia en ese tipo de trabajo colectivo. Hoy eso ha cambiado mucho: los jóvenes españoles están entre los mejores de Europa. Cuando yo tocaba en la Joven Orquesta de la Unión Europea, no había casi ningún español; ahora son mayoría. Eso dice mucho del nivel que se ha alcanzado.
Usted dirigió también la Joven Orquesta de Andalucía. ¿Qué aprendió de esa experiencia?
Muchísimo. Me permitió conocer el talento joven andaluz y entender qué podía aportar yo a su formación. Introduje algo que me parecía esencial: la lectura a primera vista. En Inglaterra o Alemania, es una parte normal del aprendizaje musical, pero aquí casi no se hacía. Es un ejercicio de agilidad mental y de escucha, te enseña a reaccionar. Creo que eso ayudó a que la orquesta creciera y ganara fama rápidamente.
Ha viajado por todo el mundo. ¿Qué le han enseñado esos viajes?
Cada país te enseña algo, aunque muchas veces solo veas aeropuertos, hoteles y auditorios. He trabajado en Sudáfrica con músicos de raíces folklóricas, en Rumanía en tiempos difíciles de la dictadura de Ceaușescu te dabas cuenta del hambre que tenían los músicos por la música.
¿Una lista de canciones que nos recomiende?
Hyperballad de Björk, el elefante de Poulenc o El sombrero de tres picos de Falla. La buena música está en todos lados. Uno de mis tres hijos me ha enseñado mucho de metal alternativo y también tuvimos en casa una época k-pop, que gracias a Dios terminó pronto porque no me gusta demasiado.
¿Qué le gustaría que recordaran de usted?
Que intentaba sacar lo mejor de cada persona. No solo de los músicos jóvenes, sino de todo el mundo. Intentar es lo único que podemos hacer.
¿Piensa en jubilarse?
Sí, tal vez cuando tenga 100 o 102 años (se ríe). Me pongo muy nervioso cuando no tengo conciertos o no hay música en mi vida.