La Voz de Almeria

Sociedad

“Lo que nadie nos contó sobre el deseo sexual masculino en pareja”

El mito del hombre siempre dispuesto al sexo alimenta inseguridades y silencios cuando las ganas disminuyen

Jesús Alonso, maestro y sexólogo.

Jesús Alonso, maestro y sexólogo.La Voz.

Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Hablamos con el maestro y sexólogo, Jesús Alonso. 

«Mi marido dice que no tiene ganas, pero se masturba». «Antes me buscaba continuamente y ahora nunca toma la iniciativa». «Me quiere, pero parece que sexualmente hemos desaparecido».  

Detrás de estas frases suele haber bastante más que sexo. Hay miedo, inseguridad, culpa y sensación de rechazo. Hay hombres preguntándose en silencio qué les ocurre y parejas que empiezan a preguntarse si siguen siendo deseadas. Entonces aparece una de las preguntas que mejor resume el problema: «¿Esto es normal en un hombre?».

Mito

Uno de los mensajes más persistentes que reciben muchos hombres es muy sencillo: un hombre de verdad siempre quiere.

Este estereotipo tiene consecuencias. Muchos hombres no interpretan la disminución del deseo simplemente como un cambio en su sexualidad. La viven como un cuestionamiento de su masculinidad: «¿Qué me está pasando?», «¿estaré perdiendo testosterona?», «¿será la edad?», «¿ya no me atrae mi pareja?». Y algunas parejas llegan a una conclusión todavía más dolorosa: «Si no me busca es porque ya no me desea».

Deseos diferentes

«No existe una cantidad universal de deseo que podamos considerar “normal”. Tampoco un número correcto de relaciones sexuales semanales», señala Jesús Alonso. “Y hay otra idea importante: tener menos deseo que tu pareja no significa necesariamente tener poco deseo. Quizá simplemente tenéis deseos diferentes”.

“Entonces sucede algo especialmente delicado: empiezan a desaparecer las caricias. Una caricia puede interpretarse como una invitación sexual; un beso largo puede «dar pie a algo». Algunas personas terminan evitando incluso la intimidad afectiva para no generar expectativas. El problema inicial era una diferencia de deseo. Ahora tenemos además distancia emocional”.

La masturbación

«Para comprenderlo necesitamos separar cosas que solemos meter en el mismo cajón: deseo sexual, atracción, excitación, erección, masturbación, deseo hacia la pareja y disponibilidad para mantener un encuentro sexual compartido. Están relacionadas, pero no son exactamente lo mismo».

La persona decide cuándo empieza, qué estímulos utiliza, el ritmo y cuándo termina. Y, sobre todo en algunos hombres, puede desaparecer algo fundamental: la sensación de estar siendo evaluado.

El examen

La ansiedad sexual puede generar un círculo complicado: miedo a no responder, vigilancia, menor capacidad para disfrutar, dificultad sexual y todavía más miedo para el siguiente encuentro. Llega un momento en el que quizá el hombre no evita a su pareja. Evita el examen.

«Por eso hay una pregunta que considero especialmente útil: “¿No tienes ganas de sexo… o no tienes ganas del sexo que estás teniendo?”. No es lo mismo».

La rutina

«Las relaciones largas no están condenadas a perder el deseo. Pero cuando desaparece la novedad automática, quizá el deseo necesita otras condiciones. Uno de los errores más habituales consiste en esperar pasivamente: «Cuando tenga ganas, ya surgirá». Sin embargo, el deseo no siempre aparece espontáneamente. A veces emerge como respuesta a un contexto erótico: una conversación, una fantasía, una caricia, recuperar intimidad, sentirse atractivo o disponer de tiempo». Consentimiento y deseo de participar son imprescindibles.

El porno

«Pero la evidencia científica nos obliga a ser prudentes. Decir que “la pornografía está acabando con el deseo de los hombres” sería una simplificación. Las revisiones disponibles encuentran resultados heterogéneos y sugieren que importa mucho el contexto y, especialmente, si existe un patrón problemático, pérdida de control, malestar o interferencia con la sexualidad compartida».

Decir «masturbarse es normal, así que aquí no ocurre nada» puede ser tan simplista como afirmar «se masturba, por eso no tiene sexo contigo». Ambas frases ignoran el contexto.

La presión

«Uno se siente rechazado y presiona. El otro se siente presionado y evita. Cuanto más evita, más rechazado se siente el primero; cuanto más rechazado se siente, más presiona. Cuando llegamos ahí, el problema ya no es simplemente sexual. También es relacional».

Sin espacio

«El estrés, la ansiedad, el cansancio y la falta de sueño pueden interferir con nuestra capacidad para conectar con sensaciones eróticas. En consulta encuentro hombres que dicen “no tengo deseo”, pero al profundizar descubrimos algo ligeramente diferente: hace meses que no tienen espacio mental para desear. Su cuerpo está en la cama; su cabeza sigue trabajando».

Las hormonas

Pero no todo hombre con poco deseo tiene la testosterona baja. El deseo no depende exclusivamente de una cifra en una analítica. Las guías clínicas recomiendan realizar una historia médica y sexual adecuada y, cuando corresponda, valorar alteraciones endocrinas y otras condiciones de salud. 

Algunos antidepresivos, por ejemplo, pueden producir efectos sexuales adversos en algunas personas. Eso nunca significa que alguien deba suspender una medicación por su cuenta: cualquier modificación debe realizarse con el profesional sanitario responsable.

Amor y deseo

Están relacionados, pero no son sinónimos. Una persona puede amar profundamente a su pareja y atravesar una etapa de bajo deseo.

El deseo necesita libertad. Necesita que un sí pueda ser un sí. Pero también que un no pueda ser un no.

Pedir ayuda

Una disminución puntual del deseo no debería convertirse automáticamente en motivo de alarma. Pero merece la pena consultar cuando el cambio es persistente, genera malestar, afecta a la persona o a la pareja, aparece bruscamente sin una explicación evidente o está acompañado de otras dificultades sexuales, físicas o psicológicas.

Sin obligación

Un hombre también tiene derecho a no tener ganas. A decir no. A estar cansado. A atravesar etapas de menor deseo. A no convertir cada encuentro sexual en una demostración de masculinidad. Y a pedir ayuda cuando algo le preocupa.

tracking