La Voz de Almeria

Roquetas de Mar

“Un día de trabajo son más de 30 horas en la mar”: así es la vida de los pescadores del Pez Espada en Roquetas

Francisco Ramón Fuentes, cuarta generación de pescadores de Roquetas de Mar, relata cómo la tradición, la tecnología y la pasión por el mar sostienen este oficio

Francisco Ramón Fuentes junto a su barco en el Puerto de Roquetas de Mar.

Francisco Ramón Fuentes junto a su barco en el Puerto de Roquetas de Mar.Marina Ginés

Marina Ginés
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Roquetas de Mar es uno de los puertos más importantes del Mediterráneo para la pesca del pez espada, movilizando cada año unas 600 toneladas a través de su lonja. La campaña se extiende del 1 de abril al 31 de diciembre, y la ciudad ha celebrado incluso sus primeras jornadas gastronómicas dedicadas a esta especie, poniendo en valor su frescura y calidad. 

Detrás de cada pescado que llega a la lonja, sin embargo, hay historias de esfuerzo, tradición y resiliencia. Una de ellas es la de Francisco Ramón Fuentes de la Cruz, cuarta generación de pescadores en Roquetas de Mar.

“Mis bisabuelos, mi abuelo y mi padre se dedicaron a la pesca. Yo salí del colegio en octavo y ya empecé con mi padre. Tenía 15 años”, recuerda Francisco. Desde entonces, la pesca se convirtió en su vida, siguiendo los pasos de quienes le enseñaron que el oficio es duro, pero también un orgullo que pasa de generación en generación.

Francisco recuerda cómo se iniciaba en las faenas: “Antes se pescaba seis meses el pulpo, lo hacíamos con nasas. Y luego, en los otros seis meses restantes, pescábamos una especie que se llamaba el sable. Eso ya desapareció. El atún rojo también lo pescábamos y el pez espada también”. Cada temporada, cada especie, tenía sus métodos y su historia, y la memoria de los mayores sigue viva en su relato.

Un día en alta mar

La rutina de un pescador de pez espada es intensa y exige resistencia. “Tardamos unas tres horas en llegar al sitio. Una vez allí, empezamos a preparar y lanzar el palangre, un proceso que puede durar hasta cuatro horas. Cada palangre puede medir decenas de kilómetros, con flotadores que mantienen los anzuelos en la superficie”, explica Francisco.

Pero el trabajo no termina: al día siguiente vuelven a donde dejaron los palangres y comienzan la recogida, que puede extenderse hasta 15 horas de labor continua. “Es mucha paciencia. Lo más duro son los días de temporal. Trabajar con frío, viento y en alta mar se vuelve insoportable. Te levantas a las tres de la mañana, pasas frío, y en los barcos de antes era aún peor, no tenía nada de abrigo. Llegabas congelado al puerto”, confiesa.

Las condiciones son imprevisibles: corrientes, mareas y otros barcos mercantes obligan a la tripulación a mantenerse alerta. Hoy, la tecnología ha cambiado la manera de pescar: GPS, radares y partes meteorológicos permiten planificar la jornada con antelación, algo impensable en los tiempos de su abuelo.

Evolución de la pesca

La pesca ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Antes, los palangres se manejaban con anzuelos; ahora, Francisco utiliza trampas modernas autorizadas por la Secretaría General de Pesca, un sistema que combina eficacia y sostenibilidad. “Han salido aros que funcionan como trampas, se lanzan y luego se recogen con cuidado. Esto hace que el trabajo sea más seguro y productivo, pero sigue siendo físico y de paciencia”, explica.

Además, las especies se gestionan con cuotas estrictas. “Ahora tengo licencia para el pez espada y el atún rojo. Son licencias muy específicas y tenemos un cupo: 15 toneladas de atún rojo y 27 de pez espada. Eso significa que solo podemos pescar dentro de esos límites, nada más”, detalla. La gestión moderna exige inversión y adaptación, pero permite que los recursos se mantengan sostenibles.

El Puerto de Roquetas ha evolucionado junto a sus pescadores. Lo que antes eran barcos más pequeños y familiares, hoy se combina con tecnología avanzada y medidas de control, aunque conservan la familiaridad. La flota se ha profesionalizado, pero también se ha reducido el número de jóvenes que continúan el oficio. Francisco lamenta que algunos de sus compañeros con barcos más grandes hayan decidido no salir a pescar y ocupar puestos en el Ayuntamiento. “La pesca se está perdiendo poco a poco. No todos, pero casi todos”, afirma.

Aun así, la comunidad pesquera de Roquetas sigue viva: los pescadores mantienen vínculos familiares y vecinales, compartiendo conocimiento y apoyo. La vocación, dice Francisco, es lo que distingue a quienes permanecen en el mar: “La pesca te tiene que nacer. Yo ya tenía esa ilusión de tener un barco. Me hacía feliz, y todavía sigo haciéndolo”.

Barcos listos y palangres preparados

Ahora, a principios de abril, el puerto de Roquetas de Mar se prepara para recibir una nueva temporada de pez espada. Los barcos se revisan con mimo, las redes y palangres se ajustan, y las tripulaciones afinan su rutina después de meses de veda. Francisco Ramón Fuentes observa su embarcación y sonríe: “Cada año es un nuevo comienzo. Todo está listo para salir, para volver al mar, para seguir con la tradición de nuestra familia”.

La luz del amanecer ilumina las cubiertas mientras los pescadores ajustan los aparejos, revisan las boyas y planifican cada jornada con precisión. El Mediterráneo, calmo por ahora, promete aventuras, esfuerzo y recompensas. “Cuando arrancamos en mayo”, dice Francisco, “sabemos que nos esperan jornadas largas, viento y mar abierto, pero también la satisfacción de un oficio que nos define, que nos une y que lleva el nombre de Roquetas de Mar a todas partes”.

La temporada comienza, y con ella, la historia de generaciones de pescadores continúa: más de 30 horas en la mar, trabajo duro, respeto por el mar y la esperanza de un nuevo año que trae la riqueza y la vida de la pesca hasta la lonja. Roquetas de Mar se prepara para otro capítulo de su legado marinero, donde la tradición y la modernidad se encuentran en cada anzuelo, cada palangre y cada pez espada que regresa al puerto.

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