El almeriense afincado en Francia que tuvo el megaincendio de Burdeos a dos kilómetros de su casa
Diego Campoy, nacido en Polopos, siguió desde Almería el avance de las llamas y al regresar encontró un paisaje completamente calcinado

Diego Campoy y el bosque calcinado en Francia
A finales de julio, los extensos bosques de pinos de Gironda, a las puertas de Burdeos, comenzaron a teñirse de negro. El fuego avanzaba sin tregua por este departamento del suroeste de Francia, devorando el paisaje y acercándose cada vez más a las viviendas de Saint-Jean-d'Illac —comuna y población de Francia, situada en la región de Nueva Aquitania, departamento de Gironda, dentro del distrito de Burdeos—. Mientras tanto, a más de mil kilómetros de allí, en Almería, alguien seguía prácticamente minuto a minuto el recorrido de unas llamas que amenazaban con alcanzar el lugar donde había construido toda una vida.
Diego Campoy Ruiz nació en Polopos en 1958 y emigró a Francia con apenas tres años, pero nunca dejó de regresar a su tierra. Este verano se encontraba de nuevo en la provincia cuando comenzaron a llegar las noticias desde Burdeos: familiares y vecinos le contaban cómo el fuego se acercaba cada vez más a su casa. Las llamas se quedaron a solo dos kilómetros.
Una vida entre Francia y Almería
La distancia nunca ha borrado el camino de vuelta. Los veranos de Diego siguen teniendo acento almeriense, con Campohermoso como uno de sus lugares habituales y Carboneras como refugio junto al mar. Allí regresa durante sus vacaciones y es precisamente en la localidad carbonera donde ahora quiere comprar una vivienda para seguir estrechando un vínculo que ha sobrevivido a décadas y kilómetros.
Este verano no fue diferente. Había regresado a Almería para pasar unos días cuando sus vacaciones comenzaron a transcurrir con un ojo puesto en la provincia y otro, inevitablemente, en Francia. El teléfono se convirtió entonces en el puente con lo que sucedía al otro lado: hijos, familiares y vecinos le iban contando cómo evolucionaba un incendio que cada vez amenazaba más de cerca su entorno.
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"Estábamos siguiendo el fuego minuto por minuto", recuerda en una conversación con LA VOZ. Desde Almería, poco más podía hacer que esperar mientras las noticias dibujaban un escenario cada vez más preocupante en los alrededores de su vivienda.
Un incendio nunca visto
Lo que al principio parecía un incendio más terminó convirtiéndose en una emergencia de enormes dimensiones. Las llamas avanzaron durante días por los pinares de Gironda, favorecidas por la sequedad de la vegetación y el viento, hasta obligar a las autoridades francesas a ordenar evacuaciones preventivas en varios municipios del entorno de Burdeos. Entre ellos estaba Saint-Jean-d'Illac, donde se encuentra la vivienda de Diego.
"Aquí en Francia no se ha visto uno como este", asegura. La proximidad del fuego obligó a numerosos vecinos a dejar atrás sus casas y buscar refugio lejos de las zonas amenazadas. Quienes tenían familiares fuera acudieron a ellos, mientras otros fueron trasladados a espacios habilitados para acoger a los evacuados.

El fuego avanzando en Francia
Diego conocía todo aquello desde Almería, pendiente de cada nueva información que recibía. Las llamas continuaban avanzando y su casa estaba cada vez más cerca de quedar en su camino. Finalmente, los equipos de extinción consiguieron frenar el incendio antes de que llegara hasta ella. "Han parado el fuego a dos kilómetros de la nuestra. Exactamente a dos kilómetros", relata.
La vivienda se salvó, pero el entorno no volvió a ser el mismo. El fuego alcanzó los bosques próximos y dejó tras de sí árboles calcinados y enormes extensiones ennegrecidas que Diego todavía no había podido contemplar con sus propios ojos. Para hacerlo tendría que esperar a regresar a Francia.
La vuelta a casa
Diego emprendió el camino de vuelta en torno al 8 de agosto, después de un verano en el que el fuego también había golpeado con dureza a la provincia de Almería. El incendio de Los Gallardos había dejado miles de hectáreas calcinadas y las llamas se sucedían en distintos puntos de España. Precisamente esa situación, sobre todo los incendios en el entorno de Madrid, complicó el viaje hacia Francia y obligó a retrasar el regreso.
Cuando finalmente llegó a Saint-Jean-d'Illac sabía que su vivienda había logrado salvarse, pero todavía tenía que descubrir qué había quedado de todo lo que la rodeaba. El paisaje que encontró tenía poco que ver con el que había dejado al marcharse a Almería. Donde antes se extendían los pinares aparecían ahora troncos ennegrecidos, ramas desnudas y grandes manchas de tierra quemada. El verde había desaparecido de buena parte de un entorno que conocía desde hacía décadas.
"Ahora mismo estoy físicamente en la primera casa que no se ha quemado cuando lo pararon", explicaba a LA VOZ desde la propia zona afectada. A pocos metros tenía todavía las huellas de hasta dónde habían conseguido avanzar las llamas. "Estoy viendo aquí los árboles quemados", describía. Pero es al recorrer la zona cuando la pérdida propia parece hacerse pequeña ante la de otros. "Es un desastre ecológico, es un desastre económico, es un desastre personal. Es un desastre en todos los sentidos", lamenta. Hay familias que han perdido sus casas, sus muebles y recuerdos construidos durante toda una vida. "Seguramente no les quede casi nada", reflexiona Diego al pensar en quienes ahora tienen que empezar prácticamente desde cero.

El bosque quemado cerca de la casa de Diego
Empezar de cero
El incendio tampoco entiende de hogares humanos. Ciervos, jabalíes y corzos habitaban unos pinares que ahora, en muchos puntos, son apenas una sucesión de troncos negros. Por eso, aunque parte de su propio entorno forestal también ha resultado afectado, Diego relativiza su pérdida frente a la de quienes se han quedado sin nada. Confía, además, en que algún día el verde vuelva a abrirse paso entre la tierra quemada. "La naturaleza está bien hecha. Va a recuperar sus derechos", asegura.
Lo que le cuesta aceptar es que imágenes como las que ahora contempla puedan terminar convirtiéndose en parte habitual de cada verano. Este año ha visto el fuego desde sus dos tierras: primero en una Almería golpeada por grandes incendios y después en la Gironda en la que ha pasado prácticamente toda su vida. "Ahora somos de esos que dicen: 'Mira, otro incendio más'", lamenta. Para él, después de haberlo tenido tan cerca, hay algo que no debería ocurrir: acostumbrarse. "No podemos normalizarlo".
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Y entre todo ese negro permanece su casa. La misma que durante décadas ha estado rodeada de árboles continúa en pie, mientras a apenas dos kilómetros comienza un paisaje marcado por las llamas. Dentro de un tiempo, Diego volverá a hacer el camino hacia Almería, como lleva haciendo desde que era un niño. Cuando regrese a Francia, espera que entre los troncos quemados haya comenzado también a regresar el verde.