La Voz de Almeria

El Ejido

La torre del Poniente almeriense que defendió la costa durante siglos: arquitectura sin adornos

La Torre de Balerma no tiene la monumentalidad del Castillo de Santa Ana en Roquetas ni la espectacularidad del Castillo de Guardias Viejas, pero su valor reside precisamente en su discreción

La Torre de Balerma es uno de los sitios por los que se llevará a cabo una visita guiada.

La Torre de Balerma es uno de los sitios por los que se llevará a cabo una visita guiada.La Voz

Trinidad Rodríguez Fernández
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En pleno paseo marítimo de Balerma, pedanía de El Ejido, se alza una construcción sobria y silenciosa que ha visto pasar siglos de historia: la Torre de Balerma, construida a mediados del siglo XVIII para la defensa de la costa del antiguo Reino de Granada. Como curiosidad, originariamente, se accedía por la planta superior, es decir, no existía entrada como tal. No obstante, a día de hoy si existe una puerta que mira hacia tierra, porque, recordemos, el peligro venía del mar.

Para ello, había que subir unas escaleras de mampostería —esto es una estructura construida a mano apilando piedras o ladrillos— y atravesar un pequeño puente levadizo para el acceso. De forma que una vez se quitara, nadie pudiera acceder al bloque. En la parte superior estaban las estancias de los militares, mientras que en la planta baja se guardaban las armas y la munición, necesarias para la defensa de la costa.

Lo cierto es que para muchos vecinos a día de hoy es solo una torre antigua más, pero en realidad se trata de una pieza clave del sistema defensivo que protegió la costa durante siglos de amenazas constantes desde el mar. Muy cerca de ella, a escasos kilómetros, la Torre de Alhamilla, una fortificación defensiva de planta también circular en Balanegra.

El litoral bajo vigilancia permanente

Para muchos vecinos a día de hoy es solo una torre antigua más, pero, a decir verdad, se trata de una pieza clave del sistema defensivo que protegió la costa durante siglos de amenazas constantes desde el mar.  

La silueta de la fortaleza de Guardias Viejas se funde con el Mediterráneo.

La silueta de la fortaleza de Guardias Viejas se funde con el Mediterráneo.Wikipedia

Durante los siglos XVII y XVIII, la costa de Almería vivió bajo el temor de los ataques de piratas berberiscos. Las incursiones eran frecuentes: saqueos, secuestros y destrucción de poblaciones costeras obligaron a la Corona a desplegar una red de defensa basada en torres de vigilancia, fuertes y castillos a lo largo de todo el litoral del Poniente.

La Torre de Balerma fue construida en ese contexto, como atalaya costera destinada a la observación del mar y a la transmisión de avisos mediante señales de humo de día y fuego de noche. Su función no era combatir directamente, sino alertar con rapidez a las poblaciones cercanas y a otras torres del sistema. De hecho, la planta baja almacenaba suministros para su función de proteger la zona costera entre la torre de los Cerrillos y el fuerte de Guardias Viejas.

Sobria arquitectura militar`

La torre responde al modelo típico de las torres costeras del sureste peninsular: planta circular, muros de mampostería gruesos y una entrada elevada, a la que se accedía mediante escalera desmontable para dificultar el asalto. En la parte superior, un parapeto permitía la vigilancia continua del horizonte marítimo.

Torre de Balerma

Torre de BalermaTurismo Costa de Almería

No hay elementos decorativos ni concesiones estéticas. Todo en la Torre de Balerma responde a una lógica estrictamente militar y funcional, propia de una época en la que la supervivencia dependía de ver llegar al enemigo antes de que pisara tierra.

Del Mar Mediterráneo al mismísimo asfalto

Originalmente situada junto a la línea de costa, hoy la torre ha quedado engullida por el crecimiento urbano, integrada entre calles y viviendas. Este desplazamiento simbólico del mar al interior refleja también el cambio radical en la relación del territorio con su litoral: de frontera peligrosa a espacio turístico y residencial.

Pese a ello, la torre se conserva en un estado aceptable y está protegida como Bien de Interés Cultural (BIC). No es visitable por dentro, pero su presencia sigue siendo un recordatorio físico del pasado defensivo de la comarca. Es una de esas construcciones que explican la historia de la costa almeriense: la vigilancia constante, el miedo al ataque y la necesidad de cooperación entre poblaciones colindantes.

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