"Me asomaba solo para ver que el cielo seguía siendo azul": la almeriense que ha logrado ser jueza con solo 25 años
María del Mar Caparrós ingresa en la carrera judicial y se suma a la nueva generación de juezas

La nueva jueza María del Mar Caparrós celebra su éxito en la oposición en el Tribunal Supremo.
El cronómetro que guarda como un talismán se detuvo en una hora y 21 segundos. Para María del Mar Caparrós, esa cifra resume el tiempo de sacrificio, renuncias y estudio. También hay dos fechas que permanecen grabadas en su memoria: el Viernes de Dolores de 2026 y el 1 de octubre de ese mismo año. Entre ambas quedó sellado el camino que la convirtió, con apenas 25 años, en una de las juezas más jóvenes de Almería.
Sin embargo, su historia no empieza en un tribunal ni en una oposición. Empieza en Carboneras, en una familia trabajadora donde nadie había recorrido antes el camino de la judicatura y donde ni siquiera ella misma imaginaba que acabaría llevando toga.
Durante la carrera de Derecho en la Universidad de Almería se veía trabajando en el sector bancario. La oposición le parecía un desafío reservado para otros. "Yo no quería opositar porque tenía muy claro que iba a ser muy duro y pensaba que eso no era para mí", recuerda.
Sesiones titánicas: "dejé de ser María del Mar"
El cambio llegó durante las prácticas en la Fiscalía y en la Audiencia Provincial. Allí descubrió la dimensión real de la Justicia. Le llamó la atención la figura del fiscal, su papel activo en sala, la defensa de una posición jurídica ante el tribunal. Pero cuanto más conocía el funcionamiento de los juzgados, más le atraía la responsabilidad de quien escucha, valora las pruebas y toma decisiones que afectan a la vida de las personas. La idea de ser jueza empezó entonces a abrirse paso.

María del Mar Caparrós firma tras su examen de oosición en el Tribunal Supremo..
Aquella decisión cambió por completo su vida. La nueva jueza reconoce que nunca fue la estudiante más brillante de su promoción. Su fortaleza estaba en otro lugar: en la capacidad de insistir cuando la mayoría se detiene. Durante años convirtió el estudio en una rutina casi monástica, con jornadas titánicas que en ocasiones alcanzaban las 13 y 14 horas diarias. "No he sido la más brillante, pero sí muy trabajadora".
Los apuntes ocuparon el lugar de los planes. Las semanas dejaron de distinguirse unas de otras. "Dejé de ser María del Mar", resume. La imagen explica mejor que cualquier estadística la dimensión del sacrificio que exige una oposición de este nivel. Durante largas temporadas apenas levantaba la vista de los libros o veía el sol. A veces se acercaba a la ventana únicamente para comprobar que el mundo seguía ahí fuera. "Me asomaba solo para ver que el cielo seguía siendo azul".
Una generación de jóvenes mujeres juezas
En ese camino encontró también referentes que le demostraron que aquel objetivo era posible. Entre ellos estaba Mari Luz Columna, quien fue la jueza más joven de Almería tras acceder a la carrera judicial con apenas 24 años. La magistrada, hija del preparador de María del Mar, colaboró en las sesiones de cantar sus temas. "El hecho de verla a ella ha sido un referente para mí. Siempre ha sido súper positiva, nunca ha dudado y siempre me ha dado mucho ánimo", recuerda.

El cronometro que rigió la defensa de oposición de María Caparrós.
Junto a Columna, Caparrós recuerda otros nombres de una nueva generación de mujeres juristas, como Andrea Martín, que asumió el Decanato de los juzgados de Huércal-Overa con apenas 25 años, colega de la que también recibió ánimos en su camino de la oposición.
En el banquillo del Tribunal Supremo
En 2025 se presentó por primera vez ante el tribunal examinador del Tribunal Supremo. "Lo hice para probarme a mí misma". Expuso dos temas y salió. Pero el tribunal la llamó de nuevo y la animó a continuar. No era un final feliz imaginado, pero tampoco una derrota definitiva.
Quienes nunca han vivido una oposición judicial difícilmente pueden comprender lo que supone entrar en una sala del Supremo para afrontar un examen oral. Los opositores esperan vestidos de traje, rodeados de mármoles, tapices, lámparas y techos monumentales como si fuera la corte de Luis XIV. El escenario impone incluso antes de pronunciar la primera palabra. Cuando finalmente llegó su turno, María del Mar ocupó un asiento cargado de simbolismo: el banquillo de los acusados. Frente a ella, los magistrados. Entonces comenzó a correr el reloj.
Viernes de Dolores, 1 de Octubre de alegría
Meses después llegaron las dos fechas que cambiaron su vida. Primero el Viernes de Dolores de 2026, cuando superó el primer ejercicio oral con una de las mejores notas de su promoción. Después, el 1 de octubre. Aquel día regresó al Tribunal Supremo para afrontar el último examen. Cuando cruzó la puerta de salida ya vestía la toga y sostenía el mazo de juez.
En la historia de María del Mar Caparrós no hay apellidos ilustres del mundo jurídico ni generaciones de juristas detrás. Hay una familia trabajadora de Carboneras. Una madre limpiadora. Un padre dedicado a la desinsectación. Y dos hijas que fueron las primeras de la familia en llegar a la universidad.
Un mensaje para los jóvenes
Sin contactos, sin tradición jurídica y sin considerarse nunca una alumna excepcional. Lo que sí heredó fue la cultura del esfuerzo. La oposición terminó demostrando que aquella cualidad aprendida en casa podía llevarla mucho más lejos de lo que ella misma había imaginado. "Si yo he podido hacerlo, puede hacerlo".
María del Mar Caparrós, explicaba que durante las oposiciones dejó de ser María Caparrós, no obstante, aunque antes de presentarse a la Escuela Judicial de Barcelona intente recuperar ese amor por viajar y pasar tiempo con las amigas que la han esperado. Sin embargo, algo ha cambiado.
Ya no es aquella opositora que vivía entre apuntes, sino una de las representantes de la nueva generación de mujeres que está rejuveneciendo la carrera judicial almeriense y desmontando viejos estereotipos sobre la profesión. "La gente sigue teniendo la imagen de que un juez es una persona mayor, muy seria y muy distante. Y no tiene por qué ser así".