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Descubren cómo la Sierra de Gádor impulsó la economía fenicia hace milenios por el Mediterráneo

Piezas halladas junto a ánforas de Corinto en un yacimiento de Málaga revelan el valor del plomo de Almería desde la Antigüedad

Entrada a una explotación minera de la Sierra de Gádor.

Entrada a una explotación minera de la Sierra de Gádor.Google Maps / Damián Moral

Francisco Luque Ramírez
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El yacimiento fenicio del Cerro del Villar (Málaga), en la desembocadura del río Guadalhorce, sigue sacando a la luz piezas de un valor incalculable que redibujan el mapa del comercio antiguo. Entre ánforas importadas de Corinto y delicados objetos de marfil, destaca con fuerza la presencia de plomo originario de la Sierra de Gádor. Este hallazgo no solo confirma el intenso tráfico de mercancías en el Mediterráneo, sino que sitúa a la provincia de Almería como un motor minero crucial desde tiempos remotos.

La presencia del plomo gadorense en este enclave Bien de Interés Cultural (BIC), que data del siglo IX y está considerado como la gran 'joya fenicia del Mediterráneo' por su conservación, demuestra el alcance real de las rutas de extracción y distribución de la época. Los fenicios, hábiles navegantes y comerciantes, supieron valorar y mover las materias primas del sudeste peninsular para nutrir una red que conectaba las distintas orillas de nuestro mar. Almería no era un punto aislado en el mapa, sino una pieza estratégica proveedora de recursos metálicos indispensables para la metalurgia y la vida cotidiana de la Antigüedad.

La minería como motor económico almeriense

Reconocer la huella de la Sierra de Gádor en estos yacimientos conecta de forma directa a los almerienses con la historia de su tierra y con la tradición minera que ha moldeado el carácter almeriense a lo largo de los milenios. Saber que el metal extraído en estas montañas viajaba por el mar e impulsaba la economía de grandes potencias comerciales es un motivo de orgullo. Estos descubrimientos recuerdan que, mucho antes de la era moderna, el subsuelo de Almería ya dejaba una marca imborrable en el devenir histórico del Mediterráneo.

No hay que olvidar que la Sierra de Gádor guarda en sus entrañas la memoria de una febril época dorada que transformó para siempre la provincia de Almería durante el siglo XIX. El descubrimiento de sus ricos yacimientos de plomo desencadenó una auténtica 'fiebre del oro' que cubrió sus cumbres de calcineras, malacates y una densa red de pozos e instalaciones mineras. 

Aunque aquel 'boom' económico decayó a medida que se agotaron las vetas más accesibles, el impacto de esta actividad sigue vivo en el paisaje: una impresionante arquitectura industrial abandonada que, entre chimeneas de fundición desiertas y socavones excavados a mano, sobrevive como un monumento silencioso al duro esfuerzo de miles de mineros que modelaron la historia y el relieve almeriense.

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