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El pueblo de Almería donde Pedro Sánchez y Begoña Gómez pasaban el verano antes de llegar a La Moncloa

Durante años, el presidente del Gobierno tuvo en la provincia un refugio familiar lejos del foco político

Pedro Sánchez y una playa de Mojácar, en un montaje elaborado con inteligencia artificial.

Pedro Sánchez y una playa de Mojácar, en un montaje elaborado con inteligencia artificial.La Voz

Miguel Antonio Rodríguez Cárdenas
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Ni Doñana, ni Lanzarote. Durante años, mucho antes de que los escoltas, los protocolos y la seguridad condicionaran cada uno de sus movimientos, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, tenía otro lugar al que volver cuando quería desconectar del ruido político y de Madrid.

Un rincón de la provincia de Almería donde el hoy presidente del Gobierno encontró durante mucho tiempo algo cada vez más difícil para alguien con su exposición pública: calma, anonimato, familia y días de verano sin demasiados sobresaltos. Playa, paseos, comidas en chiringuitos y la tranquilidad de pasar desapercibido eran su día a día. Eso sí, todo cambio cuando llegó al poder.

Y es que Sánchez era, hasta hace no mucho, un habitual de los veranos en la localidad de Mojácar, en el Levante almeriense, un lugar que durante años formó parte de la vida más privada de Pedro Sánchez y su pareja, Begoña Gómez, antes de que la llegada a La Moncloa lo cambiara prácticamente todo.

El refugio almeriense de Sánchez

Y es que la relación de Sánchez con este municipio viene de lejos. El vínculo familiar con Mojácar se remonta a comienzos de los años 2000, cuando el matrimonio adquirió una vivienda de vacaciones en el pueblo. No era una gran mansión ni una residencia pensada para los focos. Todo lo contrario. Se trataba de un apartamento discreto, ubicado en el Victoria Building, el edificio levantado sobre el antiguo Hotel Mojácar. Una vivienda sencilla, de unos 70 metros cuadrados, que durante años sirvió como refugio para sus veranos familiares en Almería.

Y es que Mojácar tenía, y sigue teniendo, todo lo que podía buscar alguien que necesitaba simplemente descansar: mar, terrazas, ambiente de pueblo, días de playa y la tranquilidad propia de uno de los destinos más reconocibles de la costa lmeriense. Allí, ni él ni su mujer eran, como ocurre ahora, los protagonistas permanentes de la actualidad política nacional. Eran unos veraneantes más.

Cuando el verano empezó a ser noticia

Pero el poder tiene consecuencias y esa normalidad comenzó a cambiar a medida que su figura fue ganando peso político. En 2014, recién elegido secretario general del PSOE, su presencia en Mojácar dejó de pertenecer únicamente al terreno privado y empezó a mezclarse con la agenda de los medios de comunicación.

Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en el chiringuito Aku Aku de Mojácar, en 2016.

Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en el chiringuito Aku Aku de Mojácar, en 2016.La Voz

Y fue en el año 2016 cuando su verano almeriense saltó definitivamente al escaparate. En plena resaca electoral y con el país pendiente de pactos y movimientos internos, una imagen de Sánchez comiendo junto a Begoña Gómez en el conocido chiringuito Aku Aku se hizo viral en redes sociales.

La escena, de lo más cotidiana, dejó la 'última' imagen de Sánchez con gorra, gafas de sol, mesa de verano y mimetizado de lleno con el ambiente playero. Pero el momento político convirtió aquella imagen en una fotografía de enorme repercusión. Mientras en Madrid se hablaba de su futuro, Sánchez estaba en Almería, intentando apurar unos días de descanso.

Y no fue la única imagen captada en Almerí aquel mismo verano, ya que también se le vio en Vera, donde pasó unos días junto al mar y fue fotografiado leyendo a Haruki Murakami. 

El verano que se volvió imposible

Mojácar volvió a recibir a Pedro Sánchez en 2017, en una de sus últimas estancias familiares antes de que todo cambiara. Un año después, tras la moción de censura a Mariano Rajoy, llegó a La Moncloa. Y con la Presidencia llegaron también los escoltas, los informes de seguridad, los protocolos y las limitaciones.

A partir de ese momento, aquel verano almeriense dejó de ser viable. Mojácar era perfecto para un veraneante que quería pasar desapercibido. Pero dejó de serlo para un presidente del Gobierno.

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