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Ni Topares ni Vélez-Blanco: el punto más al norte de Almería es un antiguo pueblo íbero

El punto más septentrional de Almería no está en ninguno de esos núcleos, sino en un enclave más discreto y desconocido

Macián, dentro del término municipal de Vélez-Blanco.

Macián, dentro del término municipal de Vélez-Blanco.Google Maps

Tito Sánchez Núñez
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En contra de lo que muchos puedan pensar, dos puntos de referencia en el norte de la provincia de Almería como el pueblo de Vélez-Blanco o la pedanía de Topares no son los que marcan el norte más extremo dentro del mapa almeriense.

El punto más septentrional reconocido (registrado así en plataformas como Google Maps) no está en ninguno de esos núcleos, sino en un enclave mucho m ás discreto y desconocido: los terrenos de Macián, un antiguo asentamiento de origen ibero-romano situado en el extremo noroeste del término municipal velezano.

Ubicado a 37° 53' 5" de latitud norte y a unos 1.190 metros de altitud, Macián se encuentra en plena altiplanicie entre la sierra de María, la Sagra y la sierra de la Zarza. Allí, a los pies de un cerro que alcanza los 1.341 metros, se conservan restos arqueológicos que delatan una ocupación antigua: fragmentos de cerámica, tégulas, muros e incluso vestigios de molinos. El topónimo, de raíz latina, sugiere que estas tierras pudieron pertenecer a un antiguo propietario romanizado, lo que refuerza su valor histórico.

Pero no es el único rincón que podría disputarse ese “techo” geográfico de la provincia. Muy cerca, también en el término de Vélez-Blanco, aparece Mancheño, una aldea hoy deshabitada que durante décadas resistió en condiciones extremas. 

A más de 1.100 metros de altitud y sin servicios básicos como electricidad, este pequeño núcleo llegó a contar con una treintena de viviendas y una vida autosuficiente basada en el cereal, la ganadería y la economía de subsistencia. Sus habitantes vivían entre nevadas frecuentes, largos desplazamientos a pie hasta las poblaciones más cercanas y una conexión mínima con el exterior.

La historia de Mancheño es, en realidad, el reflejo de un fenómeno más amplio: la despoblación progresiva de las zonas más aisladas del interior almeriense. A principios de los años 80, sus últimos vecinos abandonaron definitivamente el lugar con destino a otras ciudades del Levante español.

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