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Ni Cádiz ni Málaga: el pueblo blanco de Almería lleno de casas encaladas y calles estrechas

Un pueblo vivo, donde los vecinos mantienen sus rutinas, celebraciones y fiestas tradicionales

Imagen de archivo del pueblo.

Imagen de archivo del pueblo.La Voz

Tito Sánchez Núñez
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Quien llega por primera vez a sus casas encaladas, calles estrechas y laberínticas, plazas soleadas y miradores que se abren al horizonte costero podría pensar que se ha equivocado y que en lugar de Almería, se encuentra en alguno de los pueblos blancos de Cádiz o Málaga.

Pero nada más lejos de la realidad. Esa apariencia singular convierte a este pueblo almeriense en uno de los más espectaculares de la provincia y de todo el país. Y no es para menos: está considerado como uno de los pueblos más bonitos de España.

Mojácar pueblo tiene un encanto que no radica únicamente en su estética. La distribución de sus calles refleja siglos de historia y adaptación al terreno. Las casas blancas se distribuyen de manera que las pendientes y desniveles se transforman en un recorrido agradable. 

Cada giro y cada plaza ofrece una nueva perspectiva del pueblo y del paisaje que lo rodea: la combinación de mar, colina y luz mediterránea es difícil de encontrar en otro lugar de la provincia.

Más allá del casco histórico, Mojácar conserva un vínculo profundo con su entorno natural. Desde sus miradores se puede observar la extensión de la costa o las cercanas playas levantinas. Esta integración entre pueblo y paisaje es uno de los rasgos que lo hacen único: no hay rupturas ni edificaciones que rompan la armonía visual. Todo está pensado —aunque sea de forma orgánica— para que el pueblo se vea y se sienta como parte del entorno.

Otro aspecto que sorprende a los visitantes es la convivencia de la historia con la vida contemporánea. Mojácar no es un decorado turístico; es un pueblo vivo, donde los vecinos mantienen sus rutinas, celebraciones y fiestas tradicionales. 

A diferencia de la zona costera, más ligada al turismo de sol y playa, el pueblo de Mojácar conserva una identidad más tradicional. Las plazas, los miradores y las calles interiores ofrecen una experiencia tranquila, especialmente fuera de la temporada alta.

Mojácar representa un ejemplo claro de la diversidad de Almería. Un pueblo que rompe con los estereotipos de la provincia, que mezcla historia, paisaje y vida cotidiana de manera equilibrada, y que ofrece al visitante una experiencia estética y cultural inolvidable. Es, sin duda, uno de esos pueblos blancos que, aunque muchos lo pasen por alto, define la esencia más auténtica del interior y la costa almeriense.

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