El último día de Manolillo el pescadero en el Mercado de Adra
Tras toda su vida en el pescado y el marisco, le llega la hora de su jubilación

Manolillo en su último día como pescadero.
Manolillo, el de la eterna sonrisa, ha estado trabajando toda su vida en el pescado y el marisco con una gran profesionalidad a su clientela. Tradición familiar. Lo hizo desde temprana edad, contaba tan solo 15 años cuando se puso detrás de una piedra del antiguo Mercado de Abastos de Adra y así, hasta 49 años continuos donde ha vivido todas las épocas: sus idas y sus venidas, su esplendor y su ocaso.
El pescadero se ha despedido de sus clientes por jubilación, cuelga el delantal, le ha llegado su día, creía que nunca iba a llegar la hora. Hecha la mirada atrás y nos confiesa que cualquier tiempo pasado fue mejor en "La Plaza". Pertenece a un género de profesionales que no sólo conoce cómo hacer bien su labor, sino que conoce las preferencias de sus clientes, los problemas del día día, la historia del mercado o los cambios del entorno. Con muchísima pena, deja huérfana a una clientela fiel y buenísima. Su último día detrás de la piedra de pescado fue el pasado 31 de marzo.
Se emociona al recordar lo vivido y estos días han derramado más de una lágrima recordando que tiempo atrás, trabajaba hasta con más alegría, pero ahora con la proliferación de grandes superficies, los últimos años, han sido ventas muy malas. Pese a ello, siguió al pie del cañón y sin ninguna gana de jubilarse. Confiesa que si la cosa hubiera estado un poquito regular, hubiese continuado, pero se le quita a uno las ganas de seguir. Pero, pese a todos los obstáculos, siempre se ha levantado y ha salido adelante. Su vida ha sido luchar, luchar y luchar.
Casi medio siglo en la pescadería da para mucho; penas, alegrías, anécdotas y tener paciencia con las cocineras (clientas) que de una forma u otra había que atender con esmero. Lo principal es el respeto y el cariño hacía la clientela, que también hay que saber ganarse porque cada persona es un mundo.
A Manolillo, le entró en vena el ser pescadero desde tiempos de su abuelo Isidro Fernández, que iba con un burro a vender pescado por Turón y tiempo después, también su propio padre Manuel Fernández Capilla, empezó con el burro realizando el mismo trayecto y extendiéndose por aquellos cerros empinados de Beninar, Alcolea, Berja, Darrical o Lucainena y pasando a vender pescado en bicicleta a fuerza de pedal junto a su tío Isidro Fernández (el Bahamontes de Adra) llevando cajas de pescado de aquellas antiguas que pesaban más de 60 kilos. Después llegaría la moto o el coche, hasta nuestros días.
Manolillo, a partir de su jubilación dedicará parte de su tiempo a practicar deporte junto a sus amigos y vivir, tranquilamente, un poquito de todo, a entretenerse en un Cortijo de su propiedad. Es su último día de trabajo en "La Plaza", y antes de que el reloj marque la hora señalada, lleva muchas noches con el gusanillo en el estómago que no le han dejado dormir. Y es que el último día, todo se lía. Es un manojo de nervios, pensando cómo se le avecina su nueva vida junto a su mujer Ana María, que le ha acompañado siempre en el negocio.
A partir de ahora le llega otra vida, como hacer muchas de las cosas que no pudo realizar por no tener tiempo, no darse esos madrugones a los que ya estaba acostumbrado pero que eran duros, pero seguro que en muchas ocasiones recordará todo este tiempo pasado, sabiendo que en todo momento fue un trabajo bien hecho. La Pescadería y su pescado, ayer, hoy y siempre, han ido unidos de la mano, pescado fresco del Puerto de Adra y de calidad. Y siempre, debidamente colocado y cortado gracias a la habilidad con el cuchillo y es que decir Manolillo, era pensar automáticamente en pescado,
Nadie duda en Adra, que toda la familia son muy buena gente. Aquí se conocen todos y sea en la pescadería, el Puerto pesquero, en el fútbol o el Mercado Central, todos le quieren. Como agradecimiento a sus clientes y amigos, Manuel Fernández Jiménez, se despide diciendo: "Gracias por habernos acompañado en todos estos años. Vuestro apoyo y fidelidad han sido lo que nos ha permitido llegar tan lejos en este viaje".