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Los vecinos de la plaza Careaga están hartos de los adoquines ‘obstáculo’

Los vecinos de la plaza Careaga están hartos de los adoquines ‘obstáculo’

Javier Adolfo Iglesias
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Vecinos de la plaza Careaga confiesan estar “hartos” de los adoquines que cubren desde hace años el suelo de este céntrico rincón de la ciudad y que a diario suponen un obstáculo para los residentes en la zona. Este hecho fue denunciado por LA VOZ en la edición del 3 de septiembre pasado, tras lo cual el Ayuntamiento a través de su área de Fomento y Servicios Ciudadanos reaccionó a las pocas semanas con unas obras de arreglo. Incluso,  el Alcalde, Luis Rogelio Rodríguez Comendador, acudió en persona al lugar como gesto previo a  la reparación del pavimento de la zona.

Pero a juicio de los vecinos, éstas han sido insuficientes. “Lo que han hecho ha sido una tomadura de pelo. Han tapado las juntas pero los adoquines no están lisos, estamos hartos de ellos. Que venga el Alcalde pero con una concejal con zapato de tacón para ver qué le parece”, afirma Carmen, vecina de la zona y que asegura que los traspiés y torceduras de tobillo son habituales entre los residentes.

Durante varios días, un grupo de obreros se dedicó a rellenar las grietas más anchas, profundas y llamativas, sobre todo de la plaza. Pero el resultado a día de hoy está lejos de ser perfecto. El relleno de las grietas no sigue un criterio homogéneo, hay zonas desparejas en la misma plaza, pero es que en las dos calles de acceso desde la calle Real, Emilio Ferrera y Arco, hay zonas donde las grietas siguen intactas. Francisco va con la sillita de su hijo a casa de sus padres. “Esta es la segunda que compro, porque las ruedas se descuadran. Y mi padre y mi abuela que van en silla de ruedas cuesta mucho sacarlos”. Lola lleva 38 años en la calle y cuenta que se cayó un día por los adoquines. “Yo porque voy con tenis, pero andar con zapatos duele y esto no está hecho para personas mayores”, añade Francisco.  Los vecinos consultados recuerdan que la plaza Careaga era antes de 1989 un lugar transitado y lleno de vida, pero que desde la reforma de los adoquines, los transeúntes evitan pasar por la incomodidad del pavimento. También lamentan que otras calles mejor acondicionadas del centro sean arregladas una y otra vez por el solo hecho, sospechan, de que son más transitables y están a la vista de todos.


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