Almería, refugio de las últimas lapas prehistóricas del Mar Mediterráneo
Almería, refugio de las últimas lapas prehistóricas del Mar Mediterráneo
La costa almeriense, entre las muchas joyas marítimas que esconde, cuenta con los pocos especímenes que quedan en territorio nacional de lapa ferruginosa (patella ferruginea). Se trata de un molusco gasterópodo casi extinguido pese a que ha poblado las costas mediterráneas desde la prehistoria.
De hecho, este tipo de lapa es la única especie marina protegida que cuenta con una estrategia de conservación en nuestro país y consta en el Catálogo de Especies en Peligro de Extinción desde 2007, junto a animales como el lince o el oso pardo. De ahí que desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) investiguen desde hace años cómo evitar su desaparición.
Desde el Neolítico
“Es una especie endogámica del mediterráneo que ya servía como alimento en el Neolítico a los habitantes de las costas de la Península Ibérica, Francia e Italia”, explica Javier Guallart, investigador del CSIC. De hecho, se han encontrado restos de conchas de esta especie en asentamientos prehistóricos de estas zonas.
Sin embargo, desde comienzo del siglo XX hasta ahora este tipo de lapa ha desaparecido prácticamente de las costas mediterráneas. Entre las causas de esta merma se encuentra el factor humano. “Se trata de una especie que desova una vez al año y para que se perpetúe es necesario que haya un número importante de individuos”, explica el investigador, “por lo que si se reduce la población demasiado en una zona, difícilmente van a poder reproducirse. Además, siempre se tiende a coger las más grandes que son las que más posibilidades tienen de mantener la especie”.
Alborán, la más poblada
Según las últimas cifras aportadas por la Junta, explican desde el CSIC, en la costa almeriense se catalogaron 21 individuos, sin contar la Isla de Alborán que, con 500 ejemplares, es el lugar de Andalucía con la mayor concentración de lapa ferruginosa.
Es por ello que, como cualquier otra especie en peligro de extinción, está penada su captura con multas que dependen de lo establecido por las leyes vigentes pero que pueden ser de miles de euros, según el tipo de delito. De hecho, está penado incluso interferir en su hábitat. Es decir, sólo cogerlas para manipularlas aunque después se devuelvan a su lugar está considerado como un acto delictivo.