La Voz de Almeria

Opinión

Sentarse a la mesa

Así las cosas y tras la propuesta del Ayuntamiento de Albox ahora la pelota está en el tejado de Diputación

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Hace una semana explicaba en estas mismas páginas el desasosiego que me producía observar como el Parque de Bomberos de la zona norte de la provincia se iba diluyendo en el destino anunciado de su cierre por incomparecencia política de las partes prestatarias del servicio. Albox había anunciado que no renovaría el convenio firmado con Diputación para la gestión conjunta del servicio e, incompresiblemente, ninguna de las partes consorciadas ofrecía solución alguna para alcanzar un acuerdo que garantizara la continuidad del Parque. El alcalde de Albox se desentendía totalmente del servicio arguyendo que la competencia sobre este pertenecía a la institución provincial y ésta hacía oídos sordos al órdago albojense en una soberbia representación de la práctica mariana por la que se encomienda la solución de los problemas al paso del tiempo. Ambas conductas, digamos que rayan – hoy estoy generoso-  la más inexplicable irresponsabilidad política e institucional. Sin embargo, rectificar es de sabios o quizás, en este caso, de necesitados. 
El caso es que por una u otra razón Torrecillas ha decidido presentar a la institución provincial dos propuestas tendentes a alcanzar un acuerdo para la continuidad del Parque de Bomberos. La primera de ellas dejaría la gestión en manos del consistorio albojense hasta diciembre de 2018, si bien la institución provincial tendría que aportar todos los materiales y medios comprometidos en el pasado y que a fecha de hoy no se han facilitado. En una segunda propuesta, Albox se muestra dispuesto a ceder la gestión del servicio desde enero del próximo año a Diputación de Almería. En ambas proposiciones, se sitúa en una situación de garantía a los actuales trabajadores del Parque de Bomberos, a los que se les garantizaría su continuidad. Fuera de todo juicio crítico sobre la razonabilidad de las citadas propuestas, lo innegable es que ambas constituyen toda una invitación a la transacción y negociación política, sin las cuáles resulta imposible alumbrar una solución coherente, equilibrada y continuada en el tiempo sobare un dilema que afecta a 70.000 ciudadanos. Y sugieren, asimismo, un halo de responsabilidad que contradice la apatía indolente que originó el problema. Así las cosas, la pelota está en el tejado de Diputación. Toca sentarse a la mesa.


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