Vivir como se piensa
Algo estaremos haciendo mal cuando el hecho de que alguien renuncie a un cargo político por razones de coherencia personal acaba siendo una noticia de amplio recorrido mediático. Puede que una de las razones que sobrevuele la alarmante pérdida de valoración de la llamada clase política española es que muchos de ellos han olvidado (si es que alguna vez la escucharon) aquella vieja recomendación de que cuando uno no vive como piensa, acaba pensando en cómo vive. Y aquí es donde quiero situar la reciente noticia de la renuncia de Estefanía Ponce, una concejal socialista de Pulpí (Almería) que acaba de renunciar a seguir siendo concejal y secretaria de organización de dicha localidad, por no compartir la decisión del Comité Federal del Partido Socialista de abstenerse en la sesión de investidura y facilitar así un nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Al margen de la opinión que cada uno pueda tener sobre la decisión final del PSOE y de las consecuencias que para el conjunto de España y para el propio partido socialista hubiera tenido la formación de un Gobierno Thermomix ensamblado entre fuerzas progresistas y el chispeante aliño de los independentistas y los grupos antisistema, lo que nadie puede negar es que la ahora exconcejal ha dado una lección de coherencia. Me pregunto cómo se sentirán en su fuero interno todos (me niego al ridículo desdoblamiento genérico) los militantes socialistas almerienses que, después de haberse pasado meses y meses haciéndole la ola al ahora denostado Pedro Sánchez, diciendo que “no es no” y manifestándose públicamente en contra de la abstención, se encuentran ahora con este gesto que, por insignificante o modesto que pueda ser, les sitúa a todos ellos en un escenario de incoherencia, de apego a los sillones y de tragaderas de espectro universal. Me pregunto si alguno de ellos piensa ya en cómo está viviendo o si, sencillamente, para entrar en según qué círculos hay que dejar los principios colgados en el guardarropa.