¿Y no vienen a darnos las gracias?
Imagino los momentos de incredulidad y grave desorientación que debieron vivirse la otra tarde en la sede de la Delegación de Gobierno de la Junta de Andalucía cuando, horas después de haber anunciado a los almerienses la buena nueva de la reactivación de las obras del Materno-Infantil, comprobaron que las centenares de personas congregadas frente a ese edificio no estaban allí para darles las gracias, sino para otra cosa. Si entre los manifestantes hubiera habido -al menos- un concejal del PSOE, bien podría haber advertido a la delegada, doña Gracia Fernández, que lo que allí gritaban las familias no eran loores, ni ensalzamientos, ni vítores, sino que eran las familias de los estudiantes del conservatorio de Almería, reclamando a la Junta de Andalucía lo mismo que llevan exigiéndoles desde hace más de dos décadas: unas instalaciones dignas. Pero allí no había ni concejales, ni concejalas, ni cargos públicos del PSOE, porque ya saben que ellas y ellos sólo se movilizan si consideran que su protesta perjudica al Partido Popular. No les saquen de ese palo, que es el único que dan. Pedirle a un socialista almeriense que exija algo a la Junta de Andalucía es como pedir una botella de agua mineral para Ernesto de Hannover o el catálogo otoño-invierno de Cortefiel para el amigo Membrives: una innecesaria pérdida de tiempo. Pero lo más gracioso es que cuando ellas y ellos van a manifestarse por las pésimas y birriosas comunicaciones ferroviarias de Almería, se hinchan como palomos y no dudan en buscar los micrófonos y las cámaras para hablar de “las justas y legítimas reivindicaciones de los almerienses” y del permanente compromiso del PSOE en la defensa “de los derechos de todos y todas los almerienses”. Pero no había micrófonos o cámaras que pudieran grabar a los socialistas almerienses, que estaban en otro lado. Quizás contemplando el solar, aún intacto, del materno-infantil, en donde anteayer aseguraron -muy serios- que se habían re-ac-ti-va-do las obras.