Ingratos que se quejan de vicio
“Bajo la cháchara de parabienes permanece inamovible la oscurecida realidad”
Las campañas mediáticas de excelencia decretada que lanza puntualmente la Junta de Andalucía al comienzo de cada curso son, como las violeteras de Celia Gámez, alegres precursoras de un tiempo nuevo y feliz, radiante y lleno de dicha. Basta con repasar un poco la prensa de estos días para ver que la Junta consigue con mucha facilidad lo que –al parecer- sólo alcanzaban a hacer unos pocos y extraordinariamente flexibles muchachos en nuestra lejana adolescencia. Leyendas urbanas al margen, he de mostrar una vez más rendido testimonio de admiración por la envidiable capacidad de la Junta para administrarse tan minucioso nivel de autosatisfacción sin lesionarse las vértebras o baldarse dolorosamente, tratando de conseguir de modo autárquico lo que habitualmente requiere del concurso de, al menos, otra parte. Y así, vemos que para la Junta de Andalucía el inicio del nuevo curso en Almería ha llegado salpicado del placer que produce el acierto pleno y la ausencia de lagunas, errores o faltas. Esas miserias se quedan para el Ayuntamiento, sobre el que ya lanzan sus compañeros del grupo municipal socialista severas reprimendas preventivas por si acaso el curso se iniciare sin conserjes en algunos centros o con manchas de humedad en algún aula. Pero bajo la cháchara de parabienes y la consabida repetición de lemas y consignas sobre la igualdad, la inclusión, la excelencia y otros etcéteras, permanece inamovible la oscurecida realidad de que Almería es la provincia andaluza en la que más niños son educados a diario por la Junta en barracones, por la sonrojante falta de aulas dignas tras treinta y tres años de imparable gestión socialista de la Educación en Andalucía. De eso no hablan, y si se habla -dicen desde el PSOE- es por el consabido intento de la derecha recalcitrante de desprestigiar la imagen de la perfección que ellas y ellos representan. Y a todo esto -se me olvidaba- han pintado simpáticos dibujitos en las paredes de las salas pediátricas de Torrecárdenas. Nos quejamos de vicio.