Vieja política, por favor
Visto lo visto y comprobado que los regeneradores y adanes redentores de nuestro sistema democrático lo único que parecen saber hacer es salir en las teles, predicar y jugar como niños al escondite y al “tú la llevas” es llegado el momento de decir ya que para esto mejor será que vuelva lo que ellos desprecian como “vieja política” y que esto comience a andar de alguna manera. Con ellos mejor ya ir pensando en no echar cuentas.
Digo la “vieja politica” pero no estoy diciendo la que se ha ido encanallando en el odio partidista, la satanización del adversario ideológico, la partitocracia y la corrupción galopante. No. Digo aquella de la generosidad, de la grandeza en ceder, de los acuerdos por el bien de España, del sentido de Estado, la que miró al futuro y salvo simas y rencores. La que alumbró la Constitución, trajo las libertades, inicio la senda del progreso y los avances sociales. Digo aquella y digo que es necesario, urgente e imprescindible volver a sus principios y valores. Digo que debe acabar el juego de niños, deben acabar vetos, desterrar el No como “inicio” de ya imposible dialogo y dejar de una vez de cavar trincheras de cerrazón y terquedad, aunque los Podemitas madrileños, en una clara imagen de su “progresismo” y visión del mañana están entusiasmados reabriendo las de la guerra civil en la Ciudad Universitaria como gran símbolo de su cuerpo de doctrina.
España, sus ciudadanos, sus gentes, exigen de inmediato a sus representantes que cumplan con su obligación y hagan de una vez su trabajo. Ya no puede aguantarse más. El país funciona pero la parálisis política puede primero frenarlo, luego detenerlo y luego volver a ir cuesta abajo. La propia EPA del segundo trimestre, con ser positiva, y lo es, se ha quedado en buenacilla, se nota que algo se está ralentizando en la creación de empleo y en la reducción del paro. Vamos por el buen camino, si, pero podemos coger rumbo al despeñadero en cualquier momento.
El órdago ya total de secesión de ruptura de España y de destrucción de nuestra nación y soberanía. Es tiempo de afrontarlo y de afrontarlo desde la grandeza y el interés general por encima de cualquier otra cosa.