Buda como consuelo
Mi estancia en la India con motivo del viaje de estudios, final de carrera, fue lo suficientemente breve como para no entender casi nada A lo sumo lo más típico y llamativo. A saber; templos llenos de estatuas de Buda , polvo, mucho polvo, vacas sagradas entre el gentío innumerable, algún que otro baño en el Ganges como rito de purificación , y en mi caso personal, muchos pobres, pobres por todas partes, seres humanos muriendo en la calle empotrados sobre cuatro estacas y algunas cuerdas que hacían de improvisada cama.
Era el final de los setenta. Los jóvenes europeos viajaban en busca de otros paraísos artificiales como la droga, la pornografía y la inocente poética hippy. Tal como hicieron los Beatles, se puso de moda proveerse de un guía espiritual nativo que nos enseñara la nueva doctrina de la huida del dolor junto al desprendimiento. Buda fue un iluminado que se pasó la vida predicando “la vanidad del deseo” para alcanzar el Nirvana. Rodrigo Rato es muy libre de escoger para su tranquilidad de conciencia el camino de perfección que le venga en gana. No seré yo quien se lo se critique ni ponga la menor pega a su sublime decisión. Verle ahora vestido con su banda azul y su inequívoca actitud de recogimiento en el salón de un monasterio budista me lleva a enlazar sobre lo sucedido en este país y hablo de España .
Aquí casi todos éramos católicos, al menos eso parecía. Pero en pocos años a esta parte, las clases más acomodadas se han ido alejando de la iglesia, especialmente los jóvenes. La vida española informada por la Biblia retrocedía ante el dios dinero. Ah el dinero, qué cosas se dicen en el Evangelio. El fenómeno de la corrupción no se explica solo por amor al progreso a imitación de otras concepciones foráneas, sino por la caída en vertical de los valores humanistas y cristianos. ¿ Adónde fue a parar el sentido de la justicia social entre gentes que no pierden el sueño por esconder su dinero donde Hacienda, que somos todos, no lo pueda ni oler? A esto no se llega sino por el derrumbamiento moral de toda una concepción de la vida comunitaria. Y quien sabe si este recurso a la filosofía budista no es más la nostalgia de otros tiempos más felices y generosos, cuando el hombre no era todavía un lobo para los otros hombres.