La Voz de Almeria

Opinión

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La televisión ha puesto de moda la necesidad de las “realities” que, en síntesis, son experiencias vitales  en situaciones casi  extremas. Asi, por ejemplo, unos seres  acomodados que jamás salieron de  su  ambiente  ciudadano se van a  pasar  una temporada en  una isla perdida  llena de mosquitos  y otros  inhóspitos  horrores.  Hay  también quien prefiere  subir  montañas o  hacer de buzo en los más tenebrosos  mares del planeta  con tal  de experimentar con gente indeseable a cambio de ganar un premio en metálico. 
Debajo de esa moda audiovisual quienes  manejan el cotarro buscan entretener  a la gente convencidos  seguramente de que la vida moderna es bastante monótona y aburrida. Claro, como todo está ya descubierto y no abundan los aventureros fin de semana que viajen a la Alaska o a la Antártida, algo hay que inventarse para pasar en familia las tardes del domingo sin fútbol. Yo he pensado que esta costumbre debiera fomentarse. Y no solo  entre gente más o menos famosa que por lo general  tiene asegurado su pan, sino entre los  políticos que nos gobiernan.  Sería delicioso constatar cómo  vive Rajoy con cuatrocientos euros, que es lo que cobra un parado de largo  recorrido. Cómo  hablaría de su  buena suerte una  Cospedal  desahuciada  que tiene que fregar  suelos para poder  salir adelante. Y así  todo el retablo de nuestros  dirigentes que viven  con un buen sueldo  y  que  dicen habernos sacado de la crisis.  
Aquí  en Almería acabamos de salir  de una  prueba  provechosa  que sin duda será imitada  en el futuro.  Se trata  del  largo  y horrible  viaje que  la clase dirigente almerienses  ha hecho  a Sevilla por aquello de  padecer  en sus propias carnes  lo que significa el drama de nuestros ferrocarriles.  
Casi todos los viajeros  han vuelto echando leches  contra el mal estado  de  las comunicaciones. Unos se quejan  de que el tren  no tenia calefacción ni cafetería y otros  todavía lo ponen  peor:  hablan de calvario, de odisea tercermundista,  en fin, de  cinismo interminable.  
Sin duda mientras hacían trasbordo  o tomaban  el  autobús  los voluntarios  del  sufrimiento  se acordarían  de los  muchos años que llevamos los almerienses pidiendo Alta  Velocidad  y por qué  llevamos  en el alma ese complejo de esquina  que nos llevo un día  a inventar la “burromarcha”.


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