La Voz de Almeria

Opinión

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En los países inveterados adversarios de Estados Unidos se da una paradoja. Su opinión pública es mucho menos antiamericana que sus dirigentes o que lo que estos proclaman. En Cuba, por ejemplo, su opinión pública, después de haber pasado medio siglo sin relaciones diplomáticas, es menos antiamericana que en varios países de la Europa Occidental incluida España.
En Irán, las elecciones del día 26 han traído una sorpresa. Los moderados, es decir los partidarios de implementar el acuerdo de limitación nuclear perseguido por Estados Unidos y Occidente, han tenido un resultado alentador tanto en el parlamento como en el Comité de expertos de 88 miembros, un órgano importante porque es el encargado de nombrar al sucesor del alicaido físicamente y antioccidental Khamenei. El triunfo ha sido parcial, en los escaños  hay un 40% de inmovilistas, un 30% de reformadores y 17% de independientes, pero significativo. En la capital, donde la población está más occidentalizada, los reformistas han arrasado y muchos de los que se opusieron al acuerdo nuclear han sido derrotados. Es un éxito del Presidente Rohani.
   Los resultados habrán gustado a Obama. Su deseo de frenar el programa nuclear de los ayatollás sin llegar a la guerra ha sido contestado por bastantes dirigentes republicanos, enardecidos por la campaña electoral, que alegan, sólo con cierta razón, que los iraníes son unos fulleros fanáticos y que seguirán a cencerros tapados intentado conseguir la bomba. Olvidan que el acuerdo contempla el reforzamiento de los sistemas de detección de esa posible fullería, lo que daría tiempo para golpear a Teherán si se descubre que continúa las pruebas, y que la alternativa era el ataque a Irán con resultados problemáticos.
  El avance de los moderados no va a producir un cambio abrupto de la política iraní  aunque el periódico moderado Mardomsalar afirme que nos encontramos en un momento histórico. Muestra, sin embargo, un talante y ciertas alteraciones. Los reformistas entran en las esferas de poder, en número sustancial, sin que los tachen de infiltrados o de traidores, sin ser estigmatizados abiertamente. Los escollos, con todo, continúan. El Líder Supremo, sin cuya luz verde no se puede adoptar ninguna medida importante, ha saludado la no escasa participación en las elecciones, 62%, pero ha advertido de que la población no debe dejarse influir por Occidente. El moderado y apreciado Khatami está censurado, no puede ser entrevistado, no se le publican artículos y su foto no puede salir en prensa o televisión; los temas de seguridad son en buena medida controlados por los radicales Guardias revolucionarios….
 Sin embargo, algo se mueve en Teherán, donde jóvenes y estudiantes no ocultan su anhelo por alcanzar pautas de comportamiento más modernas, y el presidente Rohani consigue un margen mayor de maniobra. Fuera y dentro. En el exterior abre la puerta para mantener un mínimo de diálogo con Arabia saudita. Ambos países luchan en diversos conflictos de la zona apoyando a facciones diferentes. La inquina de los sauditas hacia Teherán apareció incluso en uno de los cables de Wikileaks en donde un príncipe saudita aconsejaba a los americanos que si querían contener a la serpiente (a los ayatollás) “había que cortarle la cabeza”. Los iraníes no les van a la zaga. La estampida en la ciudad santa saudita en que murieron centenares de peregrinos iraníes encrespó los ánimos. 
 La realidad, sin embargo, es terca. Aunque el acuerdo nuclear implica el desbloqueo de millones de recursos iraníes en el extranjero la caída del precio del petróleo deja las arcas de Teherán algo exhaustas. Los Guardias de la revolución tendrán menos recursos y Rohani podrá tantear a su rival saudita, otro país al que el descenso del crudo debe obligar a casar ideología con posibilidades reales.



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