El sedicente mundo de la cultura
`El llamado mundo de la cultura almeriense es un microcosmos en el que orbitan los de siempre`
Imaginen esta historia: un judío perverso, que es el protagonista del cuento, acaba violando a una mujer rubia mientras otros judíos, amigos del malo, propinan una tremenda paliza a su marido. Supongo que esto, que en realidad es un argumento cinematográfico, será considerado y aplaudido por el sedicente mundo de la cultura almeriense como “un pacto de reconocimiento de ficción”, y no como una asquerosa manipulación propagandística de corte racista (les hablo de la escena clave de la película “El judío Süß”, una estomagante producción filmada en 1940 bajo los auspicios directos de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi) cuya exhibición contravendría hoy día las normas de convivencia democrática y la libertad de expresión en un Estado de Derecho. Conviene precisar también que, por mucho que se arroguen dimensiones planetarias, el llamado mundo de la cultura almeriense es un microcosmos en el que orbitan los de siempre, produciendo la rapsodia habitual en estos casos. Nada más. Por eso, y al margen de que este tipo de generalizaciones (“El Mundo de la Cultura”; “La Afición”; “Vecinos de”, etcétera) son aportaciones periodísticas, no debemos entenderlas con criterio descriptivo, sino como recurso poético. En todo caso, y ya que apelamos al imperio de la ficción, imaginemos qué no habrían dicho este reparto habitual de abajofirmantes, si los detenidos por enaltecimiento al terrorismo fueran unos artistas callejeros que, por ejemplo, hubieran marionetizado el asesinato de un grupo de jóvenes abogados por una banda de pistoleros fascistas. “Menuda trocha la de Atocha”, sugiero para el título. Mientras que decir que esto es absolutamente miserable –y lo es- es de demócratas con carnet, decir lo mismo del ahorcamiento de jueces o la violación de monjas no es más que una reacción propia de la carcundia. Así está la cosa.