Elecciones Generales, ¿y ahora qué?
La celebración de las Elecciones Generales era de obligado cumplimiento, toda vez que la Legislatura que se inició en 2011 estaba más que cumplida. En principio, podía pensarse que iban a clarificar la situación política en España, para permitir, desde un Gobierno con la necesaria estabilidad, continuar en la búsqueda de soluciones para los graves problemas que agobian a la sociedad; sin embargo, el resultado no ha sido ése y la política se ha hecho endiabladamente complicada, a la que se ve de difícil salida. Como era previsible, tras la noche electoral resulta que, como siempre, todos han ganado, naturalmente dependiendo de los objetivos que a priori tuvieran, pero, en mi opinión, quién ha perdido ha sido el pueblo español, que, sin embargo, es el responsable, con sus votos en las urnas, del galimatías existente. De entrada, configurar un Gobierno va a ser extraordinariamente complicado. Ya veremos hasta dónde nos lleva, empezando por el Presidente y, si entre todos no lo remedian, igual estamos abocados a contemplar una Legislatura de muy corto recorrido. Ahora se pone de manifiesto la importancia de disponer de un presupuesto general de 2016, enormemente criticado por unos y por otros. Como si se tratara de un gigantesco puzzle, caben todas las combinaciones posibles, y aquí es llegado el momento de apelar al sentido de Estado de los partidos, precisamente pensando en el pueblo español y no en los intereses partidistas. Desde cierta lógica democrática, debería formar Gobierno el partido más votado con las concesiones necesarias impuestas por el resultado electoral. Quizás la mayor responsabilidad para lograr un Gobierno, sin experimentos ni aventuras, recaerá en el PSOE, con resultados malos pero mejores de lo que los socialistas pensaban, y en Cs, sobre todo si consiguen recuperarse de la decepción sufrida, puesto que esperaban mejores resultados, minimizados en las urnas por la arrogancia del señor Rivera y su calculada ambigüedad. El primer Rajoy- Sánchezdel jueves, con resultado de aparente ruptura, no aventura nada positivo, salvo que se trate de fuegos de artificio de los que nunca nos enteramos los ciudadanos de a pie. Lo que las urnas no han logrado, se ha de alcanzar en los despachos. En cualquier caso, Felices Navidades para todos.