Almería ya no es Indalia, es Villa Mechón
Se ha desatado en la ciudad un frenesí desenfrenado por la estética capilar; ya hay casi 300 barberías y peluquería abiertas al público

Una peluquería en la calle Pedro Jover de Almería donde rivalizan más de una docena de establecimientos.
El misterio está por resolver: no se sabe por qué, pero no paran de aparecer por cualquier calle de Almería, como champiñones en el campo, establecimientos con una barra tricolor (rojo, blanco y azul) en la puerta y una butaca en el interior gobernada por un jovenzuelo con patillas hasta la cintura, tirantes y muchos botes de gomina frente a un espejo impecable. Almería es una barbería, una peluquería, como Buenos Aires es un bandoneón. Es lo que más define hoy a esta ciudad que ha estrenado Paseo: que estrena una peluquería casi cada día. La última, frente al Celia Viñas, donde hubo hasta hace poco una óptica y antes un bar de botellines. Nadie hubiera apostado ni un euro por ello, pero se está dando: las barberías están comiendo terreno a los bares en la ciudad del shérigan. Según el portal Peluquería Máster, en la ciudad había 293 salones a finales de 2025. Esto ya no es Indalia, es Villa Mechón.
Son estoicos autónomos los que las regentan, pero con una confianza bárbara en su negocio. Las calle Pedro Jover y General Luque son un ejemplo notorio: desde la farmacia de Balcázar hasta el Ancla de Pescadería se pueden contar hasta 14 locales. Quizá el secreto sea que el cliente siempre vuelve: el pelo crece, las canas aparecen y el tinte pierde su brillo. Es como si hubiera negocios que se abren porque hacen falta y otros porque, sencillamente, siempre hay alguien dispuesto a entrar por la puerta. Las peluquerías pertenecen a esta segunda categoría. Basta con caminar un poco para ver cómo donde antes había un bar de barrio -Matías en la calle La Reina, por ejemplo- ahora hay un sillón, un espejo y un nombre de fantasía rotulado en el cristal.
Ya no se trata solamente de cortar el pelo. Las barberías se han convertido en un pequeño universo de estética: coloración, tratamientos capilares, barbería, manicura, maquillaje, depilación y asesoramiento de imagen. La antigua peluquería de señoras ha dado paso al salón de belleza; la barbería de barrio ha recuperado un territorio que parecía perdido; y el concepto de estilista ha sustituido en muchos escaparates al de peluquero. En el centro y en los barrios conviven negocios veteranos con otros de reciente apertura. Ahí están, repartidos como ramas por la ciudad, por ejemplo, Antonio Vargas, Ucles, Carlos King, Luis Delage, Salón Escánez, Stylos, Miguel Bisbal, Tanito, Rosalía Quero o Serafín en Eduardo Pérez; como antes lo estuvieron míticas barberías como La Española, el Flauta, La Ideal, La Higiénica, Antonio Cazorla o La Aragonesa.
El peluquero es empresario, trabajador, relaciones públicas y, en muchas ocasiones, psicólogo improvisado. Durante media hora escucha problemas familiares, cambios de trabajo, divorcios, bodas, nacimientos y desgracias. En la peluquería se habla de todo. Quizá por eso sigue siendo uno de los pocos comercios donde el cliente no compra solamente un producto o un servicio: compra también conversación.
La pandemia golpeó con dureza al sector, como a tantos otros. En 2020 desaparecieron algunos establecimientos. Y, sin embargo, unos años después las tijeras han vuelto a sonar. Quizá porque la peluquería tiene algo de negocio anticíclico. Puede retrasarse una compra de ropa, cambiarse menos veces de coche o aplazarse una reforma de la casa. Pero llega un momento en que hay que cortarse el pelo. Y quizá detrás de esa proliferación de secadores, tintes, barberías y salones haya algo más que una moda estética. Hay una pequeña economía que se mueve. Jóvenes que emprenden, profesionales que abandonan un empleo por cuenta ajena para montar su propio negocio, peluqueros que heredan el oficio familiar y nuevos empresarios que descubren que un local de cincuenta metros cuadrados puede convertirse en su particular fábrica. Y basta mirar sus escaparates para comprobar que Almería, además de crecer, se está peinando. ¡Pepillo el barbero, ya no estás solo!