Sembrando miedo en tierra de acogida
Artículo de opinión deMª José Fernández, del PSOE

Mª José Fernández
El eco del debate sobre la reapertura del centro de menores de Purchena no es, en absoluto, un hecho aislado; es el reflejo de un mal de nuestro tiempo que aqueja a la política institucional. Con demasiada ligereza asistimos a una puesta en escena orquestada por el Partido Popular que, lejos de buscar soluciones integradoras, prefiere encender la mecha de la discordia. El oportunismo político ha encontrado en este asunto una veta para arañar un puñado de votos, utilizando la brocha gorda del prejuicio y convirtiendo la gestión de los colectivos más vulnerables en un campo de batalla electoral.
En este teatro de la acusación fácil, resulta alarmante la soltura con la que se lanzan proclamas incendiarias. Se agita el fantasma de la inseguridad como quien esparce sal sobre una tierra fértil, con la única intención de que nada crezca en ella salvo el recelo. Sin embargo, lo verdaderamente doloroso y preocupante no es solo el discurso estridente, sino comprobar cómo el brazo ejecutor actúa a sabiendas del daño que inflige a su propia gente. Purchena, un municipio cuya historia y cuyas puertas siempre han estado abiertas de par en par a la solidaridad, ve hoy cómo sus propios representantes intentan levantar aduanas emocionales en los corazones de sus vecinos. Se pretende envenenar el pozo de la convivencia del que toda la comunidad ha bebido con orgullo durante años, transformando un legado de generosidad en un escenario de sospechas mutuas.
Frente a la estrategia del muro y el altavoz, se hace más necesario que nunca reivindicar la política de la concordia. Las sociedades maduras no se construyen blindando las ventanas para no ver al otro, sino reforzando los cimientos de la integración y el diálogo. Quienes hoy instrumentalizan el centro de menores olvidan que la verdadera seguridad nace de la cohesión social, no de la exclusión. El futuro de Purchena no se debe escribir con la tinta del miedo que ofrece el oportunismo político, sino con el firme compromiso de mantener encendida la lámpara de la dignidad humana y el respeto común.