La escritura
Cuando me he encontrado con una novela que me ha cautivado, normalmente la vuelvo a leer

La escritura, tura de turas.
“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. Es la célebre frase que aparece en la novela Rayuela. Llevo varios días leyéndola. Voy por el capítulo segundo pero ya en el primero me la encontré, después de otra premonitoria: “Un encuentro casual era lo menos casual de nuestras vidas”. Tengo casi todo el libro subrayado desde hace décadas, pero ahora lo estoy redescubriendo.
Había leído que llega un momento en la vida en el que se necesita releer y no buscar algo nuevo. A mí me ha pasado con frecuencia. Cuando me he encontrado con una novela que me ha cautivado, normalmente la vuelvo a leer. Me pasó con el Quijote, Cien años de soledad, Madame Bovary, Rojo y negro..., y más recientemente con La conjura de los necios.
En el trabajo estuve hablando una mañana con una compañera sobre esta novela y su encantadora frase. Por la tarde al entrar en Google en mi móvil me tropiezo con un artículo sobre Cortázar y Rayuela. A la mañana siguiente ella me dice lo mismo. Qué significa esto. ¿Estamos más que controlados y lo saben todo de nosotros?
Si la vida es absurda como decía Albert Camus en el siglo pasado, ahora es estúpidamente absurda. La sensibilidad ha sido sustituida por la susceptibilidad, esa tendencia a dejarse afectar, impresionar u ofender con facilidad por algo o alguien. Lo vivo en mi propia carne. Si digo que me siento alejada de las artes plásticas, ofendo porque estoy introduciendo un aspecto negativo. Si hablo de las patatas fritas, soy cruel porque no hablo del arte pero sí de las patatas.
Recuerdo que en un capítulo de Rayuela se habla de las turas, es decir, de esas actividades creativas que el ser humano desarrolla libremente y enumera la pintura, la arquitectura, la escultura, la agricultura…, y la escritura, tura de turas.