La Voz de Almeria

Opinión

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El batacazo del Partido Popular en las elecciones autonómicas del pasado domingo nos ha dejado un puñado de reflexiones, antológicas en algunos casos, en las que merece la pena que nos detengamos por un momento. La primera que traigo aquí la soltó el presidente del Gobierno al señalar que el resultado obtenido por el PP no es extrapolable a otros comicios.


Mariano Rajoy se ha apresurado a ponerse la tirita antes de que de esa herida comience a manar un incontrolable reguero de críticas internas que terminen por pasarle facturas de todo tipo. Una de ellas, la que se emite en poco más de dos meses, lleva el todo incluido y tiene el nombre de municipales.


Entre tanto, mientras llegan esas lluvias, defiende como puede a Moreno Bonilla, del que cree que se ha convertido en "un gran líder". Ha perdido las elecciones pero ganó los dos debates en televisión, ha venido a decir. El derrotado candidato del PP andaluz ha debido sentirse tremendamente reconfortado con esa férrea e incuestionable defensa que de él ha realizado su jefe de filas. ¿Pepe y Ramos?, unos aficionados, debió de pensar.


El presidente del Gobierno también dejó en el aire, para quien la pille, la idea de que "todo es muy volátil". Y tanto. Esa volatilidad le ha restado 17 diputados autonómicos y el PP ha cosechado el peor resultado en unas andaluzas en los últimos 25 años. Todo es tan volátil que incluso la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, ha sugerido que Juan Manuel Moreno debe dimitir. ¿Es Aguirre un verso suelto o una pisadora profesional de callos? Ambos perfiles se le ajustan como un guante de boxeo.


De todas estas llamativas reflexiones, la mejor, sin duda, ha sido la del vicesecretario de Organización del Partido Popular, Carlos Floriano, quien ha sentenciado que “El PP sigue siendo la alternativa para el cambio en Andalucía”. Tal cual, como si aún no se hubiese votado, como si no hubiese un mañana.


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