La peineta de Varoufakis
El ministro de Finanzas griego está perdiendo los nervios. Varoufakis debió creer que esto de ganar las elecciones en su país era ya el pasaporte para que toda Europa se rindiera a sus pies y se le facilitara la alfombra para transitar por Bruselas con sus propuestas bajo el brazo. Aficionado a los juegos debió creerse que iba a torcer el brazo a sus socios y que sus propuestas, sus formas, sus exigencias iban a ser aceptadas sin más. O no es tan listo o se ha pasado de listo. Grecia debe a sus socios millones de euros, necesita más aún y Varoufakis pensó que con su porte, su chulería, su menosprecio por los acuerdos y sus votos lograría de la UE lo que otros tuvieron que conseguir con diálogo, sacrificio, horas de negociación y humildad. El caso es que su indumentaria, su porte de macho alfa y su fama de listo no le han valido ni por las cancillerías de Europa ni por sus pasillos. La troika, esa que venían a destruir, está en Atenas revisando documentos y presupuestos. Y cada vez más europeos a favor de que si son incapaces de cumplir los pactos se vayan del club. Pero, al margen de estas pasadas de frenada del ministro, Grecia necesita fondos con urgencia.