Presagios
Encontré unos números de dos cifras, escritos por mí, separados por una barra.No comprendía lo que significaban

Conforme me acercaba al Acueducto salían disparados los cohetes de los fuegos artificiales.
Un día me sorprendió encontrar en mi agenda unos números de dos cifras, escritos por mí, separados por una barra, que se repetían, aunque no las mismas cantidades, a lo largo de varios días. No comprendía lo que significaban, por qué los había escrito ni en qué momento. Había perdido la consciencia de esa situación. Eso me asustó y entré en estado de pánico. Por la noche, delante del espejo, pensé en Pasqual Maragall y su anuncio de que padecía alzheimer.
A la mañana siguiente, a la salida de una caja del Lidl, me abordó una chica de la fundación Pasqual Maragall. Le digo, anoche pensé en él, ah, eso es premonitorio, me dijo. Seguidamente me informó de las condiciones para ser socio y me pidió mi número de cuenta y de teléfono. Las próximas semanas te llamarán y puedes confirmar si quieres o no seguir siendo socia, añadió. Sí, pero entonces ya tenéis mi número de cuenta.
Le dí solo mi número de móvil para que me diera un toque y así identificarla. Estaba bastante aturdida en ese momento y prefería hablar otro día. Ella aseguró que ya me lo había dado, pero a día de hoy no he tenido ningún contacto con la fundación. La busqué por Internet y comprobé que la información que leía no se correspondía exactamente con lo que me había descrito.
Más tarde asistí a un concierto para violín de Chaikovsky en el Auditorio de Vera, interpretado por la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia y el violinista Robert Lakatos, música romántica y dramática frente a la sinfonía de Dvorák, rígida y marcial, que tocaron después.
Salí con dolor de cabeza y por el camino me paré en la feria del Real. Conforme me acercaba al Acueducto salían disparados los cohetes de los fuegos artificiales. Parecía una buena señal. Luego me reencontré con Carmen, mi querida amiga de la infancia.