El destino de la música
Pau Casals, un genio de la música y un activista comprometido con la paz, la justicia y la libertad, se negó rotundamente a actuar ante Hitler

Una de las escenas de la obra de teatro 'Música para Hitler'.
“La primera vez en mi vida que estoy en la primera fila y veinte minutos antes de que empiece la función”. Eso escribí en mi blog mientras esperaba el comienzo de la función de teatro Música para Hitler. Se lo comenté al espectador que había a mi izquierda. Si estoy aquí es porque iba a tirar un folleto de la agenda cultural, pero lo hojeé antes, y me enteré de que había teatro. Miré por Internet y solo quedaba una butaca libre en la primera fila. Dudé, nunca me ha gustado la primera fila, pero si no la quería tenía que irme al fondo del patio de butacas. Así que la acepté cuando al día siguiente me la ofreció la chica del convento. Aún seguía estando libre. Es el destino, dijo él.
El destino, una palabra inquietante para mí. La escuché varias veces durante la representación, el destino. El destino había llevado a un oficial nazi a la casa de Pau Casals, exiliado en el sur de Francia, para invitarle a tocar ante Hitler en Berlín, durante una ceremonia del Führer.
Pau Casals, un genio de la música y un activista comprometido con la paz, la justicia y la libertad, se negó rotundamente a actuar ante semejante monstruo. “No puedo separar la música de la vida”, afirmaba. Durante la obra se escuchan los seis movimientos de la Suite nº1 de Bach para violonchelo. Sublime. La estudió durante doce años antes de grabarla y de esta manera dio a conocer al mundo la extraordinaria música de Bach.
Sin embargo en 1943, sumido en la depresión, llevaba meses sin tocar. Suyo es el lema que se repite a lo largo de la obra: “Si tu lucha es la música, no dejes de luchar”.
El final es sorprendente. Inesperado. El teniente nazi llorando. Pero lo que más me emocionó fue el abrazo de los cuatro actores, entre los aplausos del público, por ser esta la última representación de su gira.