Cigüeña, portadas y sacaleches
Es justo lamentar que el niño de la presidenta no podrá nacer en el materno-infantil de esta tierra
Hace unos días escribía aquí mismo acerca de la necesaria separación de esferas entre lo político y lo personal, recordando modestamente la inconveniente fealdad de confundir intencionada o negligentemente ambos ámbitos. Por eso creo que hay que abordar la noticia (los sorprendentes despliegues tipográficos avalan esta consideración) del embarazo de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, con total respeto a la decisión personal y al hecho biológico en ciernes. Parabienes a la madre y los mejores deseos a ese ser vivo -pero no humano- que lleva en su vientre, tal como su compañera y amiga, la inolvidable Bibiana Aído, definió a eso que algunos llaman nasciturus. Pero como ya digo que el crotorar de la cigüeña andaluza ha cobrado el rango de noticia de portada, igual que cuando alguna corista de la televíscera es fecundada por un bailaputas, habrá que enfocar el asunto desde una perspectiva de ortodoxia política. Y ya no es sólo que el futuro del calendario electoral andaluz esté madurando al mismo tiempo en el cerebro y en la placenta presidencial, sino que también es justo lamentar que el niño o niña de la presidenta no podrá nacer en el hospital materno infantil de la tierra que su madre dice llevar en el corazón. Y es que es una pena que la Junta no haya sido capaz de cumplir su compromiso, promesa y anuncio de un “hotel para madres” (sic.) en Almería mientras que ha sido capaz de financiar e inaugurar veintidós centros de salud materno-infantil en Marruecos. Y esto no es una opinión, sino un dato reflejado por la propia Junta de Andalucía para vestir de generosidad y progreso los viajes de doña Susana a nuestro vecino país. Pero no enturbiemos la felicidad del día. Los mejores deseos para la madre y que sus amigas le colmen de pijaditas en el inminente baby-shower, porque una puede ser todo lo roja y decente del mundo, pero sacaleches hay que tener.