La Voz de Almeria

Opinión

Que nadie olvide a los muertos de La Simona

El terrorífico cruce de Garrucha va a desaparecer con una inversión de casi un millón de euros; pero llega tarde, 20 años tarde, como llegó tarde el Carpathia al rescate del Titanic

Imagen del cruce de La Simona, en Garrucha, durante un accidente.

Imagen del cruce de La Simona, en Garrucha, durante un accidente.

Manuel León
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Algunos días de verano se suele ver una rosa roja ondulante en un florero de cartón en la intersección de esa carretera malhadada; a veces desaparece, porque el viento de Levante la arrastra como a un remolino; es un detalle sencillo, es una flor, solo una flor para el viajero, para el conductor errante que pasa circulando por su lado; es solo un brote escarlata sobre el negro betún de la carretera, pero para quienes la colocan con ternura, como si colocaran un altar, es la vida misma: es el recuerdo de su madre, la memoria de la que les dio la vida. Se llamaba Mercedes -aún se llama, encarnada en esos pétalos- la progenitora y era de Madrid. De Madrid al cielo. De Garrucha al cielo. Y venía cada verano con su hijo y con su hija a ver a los abuelos que vivían en la cercana colonia de los farmacéuticos de Garrucha. Pero ese verano de hace ya unos cuantos veranos Mercedes no regresó nunca más a Madrid. Dejó su piel aún tersa en esa mortaja de asfalto que es el Cruce de La Simona, en un choque frontal con un camión en el que saltaron guardabarros y neumáticos. Y ahí sigue Mercedes, entre la corola de esa flor que sus hijos depositan obstinadamente cada vez que vienen a ver a sus abuelos.

Ha habido muchas Mercedes en ese cruce, muchas vidas destrozadas en una décima de segundo por culpa de ese punto negro carreteril de Garrucha: un mal cálculo, un frenazo a destiempo ante la falta de visión y de raciocinio en el diseño de ese cruce en forma de T, T de taimado, T de traicionero. Más de veinte años de accidentes en el temido y temible cruce de La Simona, a espaldas de la jurisdicción de Garrucha.

Ese cruce es la historia de un fracaso colectivo de todos los dirigentes de Garrucha y de todas las administraciones juntas; la historia de no haber sabido atajar un peligro perenne durante 24 horas los 365 días, un no saber dar un golpe en la mesa para evitar más muertos y accidentados. Por allí transitan a diario no solo turismos y motocicletas, sino también un torbellino de más de mil camiones diarios que transportan el yeso de las canteras de Sorbas hasta la rada garruchera.

Más de veinte años de La Simona, un cruce de caminos con más peligro que una hoja de afeitar en manos de un tembloroso. Hasta esta semana que hemos sabido de la adjudicación de una gran glorieta que acabará con ese peligro público número uno en las calzadas del Levante almeriense por un montante de casi 900.000 euros. 900.000 tristes euros de fondos europeos Feder que llegan tarde, muy tarde, al cruce de La Simona, a esa intersección bautizada con ese nombre por una razón: allí estaba antiguamente el almacén de pescado de Simona Orozco, una matriarca garruchera, una antigua arriera que vendía el jurel y el boquerón subida a una especie de trineo por los cortijos de los alrededores. Creó un pequeño imperio del pescado la Simona que continuaron sus hijos y sus nietos. Esa Simona, luchadora, madre coraje de Garrucha, nunca llegaba tarde, al contrario que la reparación del cruce que lleva su nombre. Y su eslogan era: “Pescados La Simona, la que nunca te abandona”.

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