Evolución o involución
Lo puedo decir más alto, pero no más claro: Luis Rogelio es el alcalde que necesita Almería. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor y comparar la ciudad de hace once años con la de hoy para comprobar que ha experimentado un giro de 180 grados, tanto en infraestructuras, como en servicios, espacios verdes, instalaciones deportivas o limpieza. En definitiva, Almería se ha convertido en una ciudad moderna y en la que los ciudadanos tenemos una buena calidad de vida.
Pero si la memoria no nos alcanza para hacer esa comparativa, sólo hay que echar mano de las hemerotecas y ver cómo estaba la ciudad tras el cuatrienio negro 1999-2003, justo el anterior a la llegada de Luis Rogelio, y cómo está ahora. Por aquel entonces, nos encontramos con un nombre que ahora vuelve a sonar en los medios de comunicación. Claro que entonces no aparecía por ser el candidato del PSOE a la Alcaldía, sino por estar ligado a la concejalía de Obras Públicas y, en especial, a un estrepitoso y sonado desastre de la gestión municipal socialista y de la historia de la ciudad: la obra del aparcamiento de Obispo Orberá. Interminables años de obras y decenas de comerciantes arruinados por la incapacidad de un equipo de gobierno y de un entonces concejal que ahora aspira a ser alcalde de Almería.
Inevitablemente, surge la pregunta: ¿Qué queremos para Almería? ¿Un regidor que se ponga colorado por lo que de él dicen las hemerotecas o un alcalde, como Luis Rogelio, que ha demostrado durante más de una década su gestión al servicio de los almerienses? Yo me quedo con la segunda opción, sin ninguna duda.
Comprendo que a algunos no les guste recordar ciertas cuestiones, pero fue mucho el sufrimiento de vecinos, comerciantes y ciudadanos, en general, que pueden perdonar, pero no olvidar. Al contrario de lo que dice la canción, cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor y si la alternativa es elegir entre la involución que supone volver a la imagen sepia de barrios degradados, instalaciones deportivas abandonadas, obras inacabadas o servicios tercermundistas o la evolución de ver cómo la ciudad crece, mejora cada día y se abre al futuro, no hay color. Porque los ayuntamientos no se gobiernan desde la ideología, sino desde el sentido común y éste nos dicta que cuando las cosas funcionan es mejor no hacer experimentos.