Elogio de un perro
He llegado a pensar que liquidaron al perro para librarse de tener que cuidarlo y observarlo
Ha suscitado una ola de compasión y ternura no exenta también de ira el sacrificio del perro Excalibur, cuya dueña era Teresa Romero, la contagiada y ahora aislada por la enfermedad del ébola. El perro, pobre criatura, se ha ido al otro mundo sin saber por qué lo matan; otro tanto le ocurre a sus matarifes. Un doctor, de los muchos que aparecen estos días en televisión, dijo que primero son las personas y luego los animales. Sin embargo, por poco matan a una persona porque intentó defender la vida del animal. Dijeron que el perro podía estar contagiado a pesar de ser asintomático. Es decir que no lo mostraba por ningún sitio. ¡Qué mal anda la lógica científica en estos tiempos! He llegado a pensar que liquidaron al perro para librarse de tener que cuidarlo y observarlo. Así, muerto el perro, se acaba la rabia, un problema menos. No saben mucho del ébola pero de matar saben lo que no está escrito. En los orígenes de la humanidad el perro era un animal salvaje. Llevado de su instinto de supervivencia, le disputaba la hombre las presas. Con el tiempo, el perro comprendió que le iría mucho mejor si se asociaba con el hombre de las cuevas. Así podría asegurar su alimento a cambio de unas pequeñas prestaciones como guardar la casa, espantar a los enemigos, recibir caricias de los niños, traer en la boca la caza, etc. Ayer, cuando salí a comprar el periódico, tuve un subidón de compasión y de ternura viendo a los perros mañaneros que iban detrás de sus dueños como si fueran niños camino del colegio. Después de un verano sádico en lo que se refiere al trato de los animales, hoy nos tropezamos con el perro inocente de Teresa Romero a cuya compañía se colgó la mujer en sus peores horas de soledad. Se ha hablado de histerismo o fanatismo respecto a este réquiem popular con el que acabamos de despedir fúnebremente a un ser irracional ¿no será más bien que la gente está harta de aberraciones de todos los tamaños? Se llevan nuestro dinero sin compasión. Mienten como cochinos. Matan en nombre de la civilización y reducen a la vida de perros hambrientos y vagabundo a millones de seres humanos.¿Qué tiene de malo que seamos sensibles frente a tantas bestialidades?