La Voz de Almeria

Opinión

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Hace años con el “manda huevos” de Federico Trillo, hoy embajador de España en Reino Unido saltó a la palestra una expresión muy de aquí, por raza y bajovientre, y es que el micro le jugó una mala pasada al político conservador y opusino. Es lo que pasa con los huevos, que como con las balas, los carga el diablo y hay que tener sumo cuidado: si están en mal estado te cagas, y si no se fríen bien el aceite salpica y quemadura asegurada. Ahora se ha puesto de moda el verbo “exigir”, un eufemismo de decir “por huevos” queremos tal o cual cosa, aunque en el Congreso (donde reside la soberanía nacional, y no en los resultados de las europeas) seamos unos saltimbanquis minoritarios, pero oígame usted, ¡somos la voz del pueblo! Y ahora digo yo: “manda huevos” (y no soy opusino ni conservador, Dios me libre).


El vocerío sin “programa, programa” es como el título de la novela de Carmen Laforet, Nada (curioso que sea Anguita, uno de los menos escuchados entre las ‘mamandurrias’ y banderolas, el defensor de la sensatez seas o no convergente a su discurso). Un huevo (un Estado) no es tal sin clara y yema. E intentar construir el huevo desde uno solo de estos elementos, es como querer contestar a la pregunta: ¿qué fue primero el huevo o la gallina?, pues el absurdo integral. Por eso cuando se ve en el Congreso montar un circo con lo de la abdicación (bluf, menos mal que empieza el Mundial) y sin más argumentos que la polaridad, polarización o la bipolaridad crecen los enanos y se desinfla cualquier debate serio y sosegado sobre las reglas del juego (¿quién sabe si en la mente de ciertos diputados no campa la enajenación y el chupa la gamba?).  Tal vez en época de pocas nueces se trata de eso, de hacer mucho ruido y mirar en paja ajena, y en un pasado no tan idílico cuando no se tiene una visión clara de futuro en la sartén. Una palabra (República) no garantiza un sistema de libertades, derechos y deberes. Así que argumentos poquitos, y mucho show: menuda feria montaron los “plurales” y los independentistas. Lo único destacable fue ver que aunque me repugna escuchar a un proetarra enarbolar una ikurriña, la Democracia que denostan permite que se exprese hasta el más friki (por decirlo suave)... Y en Vitoria, que es España, Javier Yzuel, avispado cocinero vasco-aragonés acaba de patentar el huevo frito congelado; necesitó desechar 5.000 huevos para dar con la gallina (de los huevos de oro). Ha triunfado como ‘el Platanito’, cuestión de huevos, y aunque no sean como los de corral recién fritos, es una metáfora de lo que fuimos y somos, para que la salmonela no irrumpa en las vísceras de este país tan bipolar en lo del par de atributos.


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