La Voz de Almeria

Opinión

Entre la Casta y la Susana

Desnudar un santo para vestir a otro tampoco era buena solución para la presidenta andaluza

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La famosa perífrasis bíblica viene como anillo al dedo ante la renuncia de Susana Díaz como secretaria general del PSOE. Los verdes viejos enfermos de la erótica del poder desde aquella célebre Reunión de la Tortilla, se han visto un poco burlados. Querían que, en este momento de frustración y decadencia, la juventud de la sevillana sirviera para animar las verbenas de las federaciones , pero no será así, al menos por ahora. Susana, hija y nieta de fontaneros, no se ha dejado tentar ; dice que la mejor ayuda ahora es hacer las cosas bien en Andalucía. Desnudar un santo para vestir a otro, aunque este último no sea precisamente un modelo de vida ascética, tampoco era buena solución para la presidenta andaluza. Así que tendremos que esperar. Curiosa también la interpretación que da el PP andaluz a esta renuncia. Dice que Susana tiene la vista puesta en Ferraz y que vive en clave nacional. Si ahora renuncia es porque quiere vivir de momento agazapada detrás de un seto hasta dar el salto mortal de pantera en celo cuando llegue su hora. Cuánto más sencillo sería creerla humildemente, pero eso sería demasiado ingenuo. Ella quiere centrarse en Andalucía donde acaba de obtener un triunfo electoral de nueve puntos sobre el PP. Quiere acabar también con la monserga del bipartito dejando a sus enemigos sin el falaz argumento del marxismo revolucionario. Y sobre todo quiere demostrar que es posible otra política que no sea la austeridad de la Troika que obliga a pagar la crisis a las clases trabajadoras. El pueblo andaluz parece haberlo entendido así y ni siquiera los 30 años que lleva el PSOE en el machito son argumento bastante a pesar del bombardeo continuo del frente mediático afín a los conservadores. Mira por dónde ahora se habla mucho de la “ casta”. La palabreja la han puesto de moda el escándalo y la corrupción de las élites que nos gobernaron desde hace treinta años. Que una mujer nueva, con éxito electoral, con tentadoras ofertas de tocar la gloria, con el aplauso de los barones históricos del partido, renuncie al máximo poder es cuando menos un signo de responsabilidad y de sentido común. Gestos como este no abundan entre la Casta y la Susana.


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