Cunde el desánimo
“Este efecto ha calado, sobre todo, entre los desempleados mayores de 55 años”
Personas muy cercanas a mí, familiares y amigos, se encuentran en paro. Algunos desde hace mucho tiempo. No es algo extraordinario en los tiempos que corren. En muchos hogares ocurre lo mismo: la misma frustración y el mismo pesimismo en una suerte de infame bucle de la desesperación que atenaza hasta al espíritu más aguerrido.
No buscan empleo Así lo pone de manifiesto también un informe del Instituto Nacional de Estadística a partir de los datos que arroja la última Encuesta de Población Activa (EPA) al determinar que el número de trabajadores que no busca empleo porque piensa que no lo encontrará - estando disponible para ocupar un puesto de trabajo- aumentó un 21,2% entre el primer trimestre de 2011 y el mismo periodo de este año, hasta llegar a casi el medio millón de personas.
Este ‘efecto desánimo’ ha calado, sobre todo, entre los desempleados mayores de 55 años, un colectivo para el que el día tiene demasiadas horas y contarlas una a una se convierte en un auténtico calvario. En cualquier parte del mundo esta situación se tildaría de drama social sin precedentes. Sin embargo, aquí pasa casi desapercibida, enterrada por la enorme maquinaria de la propaganda gubernamental, hasta hacerla desaparecer a los ojos del resto de la sociedad.
A esta realidad, sumen una nueva estadística descorazonadora: el número de residentes en Alemania aumentó en 2013 en 437.000 personas, una cifra récord de los últimos 20 años. España fue, con 36.511, el sexto país que más ciudadanos aportó a ese país, con un incremento del 22%.
No hay que ser muy avispado para comprender los nefastos efectos que la crisis y una política económica desacertada están teniendo en nuestro país. Si los jóvenes, en la mayor parte de los casos ampliamente cualificados, se nos van y, de otro lado, el número de mayores parados y de larga duración crece, podemos concluir que estamos haciéndolo todo mal, rematadamente mal.