Estos chicos del Greenpeace se lo montan de pintura term solutions for them.
Si a un grupo de ilusos ciudadanos almerienses se les ocurre pintar la fachada de cualquier edificio que no les guste o con el que no estén de acuerdo se les cae el pelo. Estarían detenidos, habrían dormido por lo menos una noche en el calabozo y sobre sus cabezas pendería una futura multa (y de las gordas) por parte de nuestras autoridades. No se puede negar que los ecologistas del barco se lo montan a lo grande. Cada una de sus acciones ofrece espectacularidad y un desenlace llamativo. El círculo pintado sobre la fachada del Algarrobico, con la inscripción de hotel ilegal en medio es de premio. Vamos, que me ha gustado lo de los chavales. Ni Antonio López, que en estos días está entre nosotros y demostrando que es el mejor pintor vivo que tiene España en estos momentos, lo podía haber hecho mejor. Los chicos del arcoíris tienen unas buenas mentes organizando sus acciones, aunque yo las llamaría más bien espectáculos y a lo grande. Lo que tendrían que tener en cuenta nuestras autoridades, si es que tenemos de verdad autoridades, es que mientras la justicia no diga la última palabra, el edifico tiene unos propietarios y lo que se ha hecho con la pintada es un atentado contra él. Los miles de metros cubiertos de negro no se hacen en un suspiro, se dedicaron unas cuantas horas a extender pintura sobre la fachada, a crear una obra gráfica que pasear por la red y distintos medios informativos interesados en la creativa foto. Sorprende que durante todas esas horas en que se estaba atacando un edifico particular, sólo aparecieron unos policías locales de Carboneras, que desde la playa contemplaban el pintado de la fachada por más de cien personas, que brocha en mano, ponían un círculo negro sobre el edificio a derribar. No deja de ser extraño que nadie (alguna autoridad) acudiera a defender una propiedad privada como todavía sigue siendo el hotel, mientras la justicia no diga lo contrario. Si mañana, por cualquier razón hay que decantar la pintura ¿quién va a pagar el trabajo, también el ciudadano? Los políticos meten la pata y paga el chivo expiatorio: nosotros. La contundente y masiva respuesta del pueblo ante el hotel no se la esperaba nadie. Que se piensen los políticos la próxima medida a tomar, Carboneras ya no se calla. Parecía que los vecinos dormían, pero han demostrado que están despiertos y vigilantes.